¿Puede la contradicción convertirse en principio divino, como pensaba Hegel? ¿No es acaso una blasfemia atribuir al mismo Dios el bien y el mal, la verdad y la mentira? ¿Qué consecuencias tiene para la cristología confundir la naturaleza divina con la humana, hasta diluir a Cristo en un humanismo panteísta? ¿No será que la dialéctica hegeliana, fascinante en apariencia, conduce en realidad a la negación de Dios y a la ruina del hombre? ¿Y no es urgente recuperar la dialéctica auténtica, la platónico-aristotélica asumida por santo Tomás, como camino hacia la verdad y la justicia, frente a la dialéctica diabólica que siembra división y desesperanza? El padre Giovanni Cavalcoli nos propone un análisis sorprendente y provocador: la relación entre la dialéctica y lo diabólico.. [En la imagen: fragmento de "La Torre de Babel", óleo sobre tabla, 1563, obra de Pieter Brueghel el Viejo, conservado en el Kunsthistorisches Museum de Viena].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
miércoles, 15 de abril de 2026
La dialéctica diabólica
La dialéctica diabólica
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog Riscossa Cristiana, el 27 de diciembre de 2010. Artículo original en italiano: https://www.ricognizioni.it/la-dialettica-diabolica-di-p-giovanni-cavalcoli/)
Puede sorprender o quizás hasta llegar a irritar un acercamiento de la dialéctica, método eminentemente racional, con el diablo, sobre todo para quien considera al diablo como residuo de una religiosidad arcaica o como mitológica representación del mal, especialmente en la visión racionalista de la dialéctica, típica de la hegeliana o de la marxista.
Sin embargo, si prestamos atención a la etimología de los respectivos términos, dialéctica y diabólica no están tan distantes entre sí. Existe -esta es mi tesis- una dialéctica "diabólica", considerando al diablo no según ciertas representaciones tradicionales más o menos fantasiosas o grotescas, sino en el sentido riguroso y estricto de la dogmática católica, con su necesaria referencia a la metafísica, es decir, a la dinámica del ser y del pensamiento. Me explico.
De hecho, según la mencionada etimología, debe decirse ante todo que en ambos términos entra la preposición griega "diá", que expresa la idea de diferencia, separación, oposición, pero también expresa atravesamiento, o sea conexión entre los dos términos. He aquí, entonces, respectivamente, la palabra griega diaforá, que es la diferencia, y diálogos, que implica conexión entre los dos dialogantes.
Ahora bien, entonces dialéctica viene de di-lego y diablo de diá-ballo. Lego: reúno, digo, hablo, de logos: palabra, razón. Es una palabra cercana diá-noia, el pensamiento. Ballo: lanzo, tiro, poso, pongo. Dialéctica dice, por lo tanto, obra de la razón o del pensamiento para la cual ella opone, contrapone y separa: el sí y el no, afirmación-negación.
Diabolica dice, por lo tanto, que lanzo o enfrento uno contra otro, que pongo discordia, oposición, contraste: aquí está el diablo, el divisor, el sembrador de guerras y discordias. En uno como en otro caso la mente va fácilmente a la idea de la contradicción, tanto en el sentido de lógicamente contradictorio, como en el sentido del contraste, de la lucha, del conflicto o de la oposición real y ontológica.
Ahora bien, el filósofo que aborda sin casi ninguna identificación la dialéctica, vinculada al pensamiento, a la diabólica, ligada al ser, es Hegel, con su famosa concepción del ser como pensamiento, en base a su bien conocido principio "lo que es real es racional, lo que es racional es real"; pero se trata del pensamiento-ser en devenir por oposiciones, de hecho a través de contradicciones. Por lo cual en Hegel, tanto lo real como el pensamiento son "dialécticos", pero también son "diabólicos". La síntesis dialéctica en Hegel no excluye sino que incluye la división y la oposición, de hecho la contradicción.
Por lo demás, como es bien sabido, el pensamiento hegeliano es un pensamiento monista. El "Entero", la "totalidad" hegeliana es Dios mismo, el Absoluto, que, si queremos, es el ipsum Esse de santo Tomás de Aquino y el Pensamiento subsistente de Aristóteles, con la diferencia de que mientras el ipsum esse y el pensamiento subsistente aristotélico-tomista son distintos del mundo, en Hegel son idénticos a él, existe un "pasaje", un devenir del uno al otro.
Para el monismo hegeliano sólo Dios existe, y todo el mundo está virtualmente contenido en Dios idéntico a Dios: el panteísmo. El mundo es Dios y Dios es el mundo. Y es panteísmo idealista por la identificación del ser con el pensamiento, no sólo en Dios, sino en todo, incluso en el hombre, en cuanto todo es Dios. Se trata de un Dios "dialéctico", ya que el ser-pensamiento es dialéctico, Dios que deviene dialécticamente por contradicción. Por consiguiente, la contradicción está en Dios: lo verdadero y lo falso, el bien y el mal. Dios causa de la santidad como del pecado, de la vida como de la muerte.
El Dios de Hegel podría ser una extremización racionalista del Dios de Lutero, que aparece sub contraria specie: Dios aparece como diablo y el diablo como Dios. Dios aparece como opresor, falso y malvado, el diablo como liberador, sincero y bueno. Según Hegel, Adán y Eva han hecho bien en rebelarse contra Dios escuchando al diablo, porque así se han vuelto "libres", "conociendo el bien y el mal", mientras que antes eran como ingenuos y estúpidos "animales". Rebelándose al Dios trascendente, han inmanentizado a Dios en sí mismos y se han vuelto Dios.
Lutero no se equivoca al creer que Dios en ciertas circunstancias parece maligno -por ejemplo, el Padre que sacrifica al Hijo o en los tiempos de la desgracia y del sufrimiento o cuando Él está "airado" con nosotros y nos culpa por nuestros pecados- y así también el diablo parece bueno, en el momento de la tentación o de la seducción. Pero ser no es parecer. Sin duda, Lutero es realista; pero su tendencia subjetivista le lleva inevitablemente a confundir la apariencia subjetiva con la realidad objetiva: Dios no sólo parece el diablo, sino que es el diablo. El mal también está en Dios. Si hago el mal, es porque Dios me impulsa a hacerlo.
De aquí, a través de Böhme, el místico protestante del siglo XVII, que pone ya el mal en Dios, surgirá el Dios hegeliano, un Dios "dialéctico" y "diabólico", en el cual lo verdadero está unido y al mismo tiempo opuesto a lo falso y el bien al mal, la vida a la muerte, el ser al devenir. De ahí el Dios que "deviene" de ciertas cristologías protestantes, hoy infiltrado también en el catolicismo: el Dios "débil", "kenótico" (que se anula), que "sufre" y "se niega a sí mismo", que "deviene" y "cambia".
Así, en la cristología hegeliana no existe la distinción entre naturaleza divina y naturaleza humana, pero con el pretexto de la unidad de la persona de Cristo, se tiene también la "unidad de las dos naturalezas", donde los atributos de una se fusionan con aquellos de la otra o "pasan" a la otra. De ahí surge el humanismo "cristiano" panteísta-evolucionista, secretamente ateo (el hombre absorbido por Dios, el hombre que deviene Dios), y el humanismo abiertamente ateo de Marx (Dios absorbido en el hombre, el hombre que se sustituye a Dios).
Nosotros, los católicos, no podemos aceptar esta cristología. Dios es omnipotente, infinitamente sabio y bueno, inmutable e impasible. En Cristo sólo el hombre cambia, es débil, deviene, sufre y muere. La unidad de la persona de Cristo es la unidad de su persona divina, que en absoluto excluye la distinción de las dos naturalezas, divina y humana, sino que la involucra, y sería absurdo pensar de otra manera.
En cuanto a la autocontradicción o la autonegación en Dios, es un absurdo horrible que niega no solo a Dios sino al ente en cuanto tal, contraviniendo el primer principio del pensamiento que es el principio de no-contradicción. Dios es simplicísimo, inmortal y perfectamente idéntico a sí mismo, en Él no existe ninguna "dialéctica", y tanto menos la dialéctica hegeliana de la contradicción. Dios mueve y cambia todo, pero Él mismo no es cambiante.
Y en cuanto a poner en Dios lo falso, el mal y la muerte, la nada, es una blasfemia. Cristo en la cruz no se pone en oposición al Padre, como malamente entienden los hegelianos, y con ellos ciertos cristólogos católicos modernistas, refiriéndose a las famosas palabras: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me ha abandonado?" y olvidando todas las demás palabras que Jesús dice en la cruz, las cuales manifiestan claramente su unión con el Padre. Estos son los tremendos resultados del panteísmo hegeliano. Lo falso, el mal, la muerte y el no ser están en el mundo, no en Dios.
Pero es lógico que si se pone el mundo idéntico a Dios, lo falso, el mal y la muerte entran en Dios. ¿Pero entonces quién más nos salva del mal, si Dios mismo es malvado? ¿Quién nos enseña la verdad si Él mismo es falso, poco confiable e infiel? ¿Quién nos hace estables si Él mismo cambia? ¿Quién nos hace felices si Él mismo sufre? ¿Quién nos da fuerzas si Él mismo es débil? Si Dios muere, ¿quién nos da la vida? Si Dios es "no-Dios", ¿no es eso como hacer profesión de ateísmo? Si Dios existe y no existe, ¿cómo dar fundamento al ser? ¿Dónde termina el Dios creador? Y si Dios no está, ¿tenemos que arreglárnoslas solos? ¿Pero con qué resultados? ¿Cómo terminan las sociedades totalitarias y ateas?
Nosotros, los católicos, estamos llamados a rechazar con extrema firmeza este tipo de blasfemias y estos absurdos absolutamente devastadores e impensables. El Dios que "sufre" o que "muere", el Dios débil, sólo puede entenderse en el sentido de la comunicación o intercambio de los idiomas o de los predicados (communicatio idiomatum), ciertamente ya utilizado por los Padres, pero no absolutamente refiriéndose a la naturaleza divina, porque un dios así no sería ni siquiera Dios, y es absolutamente falso que un dios de tal género sea el Dios cristiano enseñado por la Biblia. Este dios es enseñado por el diablo.
Hoy, por tanto, el Concilio de Calcedonia con su famosa fórmula inmortal "una persona en dos naturalezas", lejos de estar "superado", como creen los modernistas, es más actual que nunca y debe volver a proponerse con fuerza y convicción, si queremos ser verdaderamente católicos y abiertos a la salvación que el Hijo de Dios nos ha dado.
Es necesario distinguir la dialéctica hegeliana de aquella dialéctica platónico-aristotélica, retomada por santo Tomás de Aquino. Se trata siempre de dialéctica entendida como oposición entre afirmación y negación, ser y no ser; pero en este segundo caso ella no tiene la pretensión de ser ciencia, sino que se pone sólo sobre el plano de la opinión y de la discusión, y es precisamente la capacidad de argumentar en base a razones probables en vista de alcanzar la verdad o para lograr comunes acuerdos.
Esta dialéctica, por lo tanto, no es "diabólica" sino dialógica, es decir, no institucionaliza ni diviniza la contradicción, sino que, mediante la confrontación de las ideas, la supera en el lograr una perspectiva coherente en el campo del pensamiento y de una pacífica y armoniosa coexistencia humana. Esta dialéctica, por consiguiente, se presenta como necesario y normal funcionamiento del espíritu y es instrumento indispensable de la búsqueda humana colectiva de la justicia y de la verdad, para lo cual se implementa en modo electivo sea tanto como dialéctica socio-política (de la existencia) sea como dialéctica cultural-espiritual (del pensamiento).
Este tipo de dialéctica, plenamente conforme a la cristología católica, es recomendable para una vida humana libre, sanamente pluralista y moralmente constructiva, mientras que la otra, más allá de la fascinación gnóstica y de las asombrosas apariencias, conduce, como demuestran la historia y la sana razón, a las más amargas desilusiones y a las más graves tragedias.
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 27 de diciembre de 2010
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum dialectica hegeliana, quae contradictionem in Deo
introducit, possit accipi ut conformis fidei catholicae
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod dialectica hegeliana, quae contradictionem in Deo introducit, possit accipi ut conformis fidei catholicae.
1. Quia dialectica est methodus rationalis quae veritatem quaerit per oppositionem contrariorum. Si Deus est Absolutus, non videtur incongruum quod in Ipso inveniantur oppositiones, quia sic plenitudo eius manifestaretur. Praeterea historia philosophiae ostendit cogitationem humanam per contradictiones progredi, et si homo ad imaginem Dei factus est, non videtur improprium quod etiam Deus dialectice se manifestet.
2. Praeterea Scriptura ostendit Deum sub contrariis speciebus apparere: ut Pater qui Filium immolat, ut iudex iratus, ut qui dolorem permittit. Ergo non esset absurdum putare quod in Deo ipso inveniantur bonum et malum, vita et mors. Lutherus ipse interpretatus est Deum posse videri malignum et diabolum bonum, quod videtur confirmare contradictionem in Deo.
3. Item, quidam opinantur christologiam debere agnoscere Deum qui fit, qui se negat, qui patitur et moritur, quia sic magis homini appropinquat. Si Christus est verus Deus et verus homo, non videtur incongruum quod etiam natura divina participet infirmitatem et fieri.
Sed contra est quod Scriptura sacra proclamat: Ego sum qui sum (Ex 3,14), ostendens immutabilitatem divinam. Sanctus Thomas docet Deum esse ipsum Esse per se subsistens, simplicissimum, immutabilem et impassibilem. Praeterea Concilium Chalcedonense affirmat in Christo esse unam personam in duabus naturis, divina et humana, sine confusione et sine commixtione.
Respondeo dicendum quod dialectica hegeliana, introducens contradictionem in Deo, est incompatibilis cum fide catholica. Deus non fit, non contradicit, non seipsum negat. Contradictio pertinet ad mundum creatum, non ad Deum. Cogitatio hegeliana, identificans esse cum cogitatione et confundens apparentiam subiectivam cum realitate obiectiva, convertit Deum in ens dialecticum et diabolicum, ubi verum unitur et simul opponitur falso, bonum malo, vita morti. Hoc est exitus pantheismi idealistici, qui in atheismum desinit.
Christus in cruce non opponitur Patri, sed manet cum Ipso unitus. Idea Dei infirmi, qui patitur et moritur in natura divina, est blasphemia. Solum natura humana Christi mutatur, patitur et moritur. Natura divina manet immutabilis. Ergo dialectica hegeliana non potest in theologia accipi, quia destruit principium non‑contradictionis et negat ipsam essentiam Dei.
Vera dialectica, platonico‑aristotelica a sancto Thoma assumpta, non est diabolica sed dialogica: oppositio affirmationis et negationis in plano opinionis, instrumentum ad veritatem et iustitiam consequendam. Haec dialectica est conformis fidei et utilis ad humanam conviventiam. Ipsa non divinizat contradictionem, sed eam superat in inquisitione perspectivae coherenti et pacifica coexistentia.
Conclusio: dialectica hegeliana est diabolica quia contradictionem in Deo introducit et fidem destruit. Vera dialectica, conformis philosophiae classicae et theologiae catholicae, est dialogica et servit ad veritatem et iustitiam quaerendas.
Ad primum dicendum quod plenitudo Dei non consistit in contrariorum contentione, sed in omnibus perfectionibus unitate simplicissima possessis. Contradictio non est perfectio, sed negatio.
Ad secundum dicendum quod Deus potest videri iratus aut dolens, sed re vera est semper iustus et bonus. Apparentia subiectiva non debet cum realitate obiectiva confundi. Lutherus et Hegel confundunt videri cum esse, unde errores eorum oriuntur.
Ad tertium dicendum quod progressus humanus per contradictiones non implicat Deum esse contradictorium. Homo per oppositionem discit quia limitatus est; Deus perfectus est et non indiget fieri. Christologia catholica docet in Christo naturam divinam manere immutabilem, dum humana patitur et moritur. JG
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los comentarios que carezcan del debido respeto hacia la Iglesia y las personas, no serán publicados.