¿Es posible que un filósofo pagano como Aristóteles haya estado más en armonía con la verdad cristiana que un católico como Descartes? ¿Qué significa que el realismo aristotélico conduzca a la obediencia a Dios, mientras que el idealismo cartesiano abra la puerta al inmanentismo y al ateísmo? ¿No es inquietante que la modernidad cartesiana, presentada como progreso, sea en realidad un retorno a viejos errores ya refutados por Aristóteles? ¿Cómo interpretar que el Magisterio recomiende siempre la obra del Aquinate y haya puesto en el Índice las obras de Descartes? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli invita a confrontar la raíz del pensamiento moderno y a preguntarnos si la verdadera filosofía católica no consiste en continuar, purificar y elevar las intuiciones inmortales de Aristóteles bajo la luz del Espíritu de Verdad. [En la imagen: detalle de "La Escuela de Atenas", pintura al fresco que data de los años 1509-1511, obra de Rafael Sanzio, Museos Vaticanos].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
martes, 28 de abril de 2026
Aristóteles y Descartes, dos grandes en comparación
Aristóteles y Descartes, dos grandes en comparación
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog Riscossa Cristiana, el 29 de abril de 2010. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/editoriale-di-padre-giovanni-cavalcoli/)
Una comparación entre estos dos grandes pensadores del pasado es siempre útil e iluminadora para comprender dos fundamentales orientaciones del pensamiento, la realista y la idealista, con las cuales todos nosotros, aunque no seamos filósofos, no podemos -aunque sea inconscientemente- no confrontar o tomar en cuenta, también por el vínculo que tienen con la conducta moral: como ha sido demostrado por la historia, el realismo dispone a la obediencia a Dios y a su ley, mientras que el idealismo desarrolla en el hombre un excesivo sentido de independencia, que al final lo lleva a la rebelión contra Dios y al ateísmo.
Veamos brevemente cuál es el enfoque filosófico fundamental de ambos. Aristóteles constata con certeza la existencia de los entes sensibles de este mundo, se forma el concepto de ente sensible en cuanto ente y de esto recaba la noción de ente en cuanto ente (una y otra vez) y se pregunta: ¿existe un ente suprasensible, inmutable? Y responde: sí, es el motor inmóvil, kinún akíneton, pensamiento del pensamiento, nóesis noéseos, causa primera, prote aitía. Es El, para decirlo con Dante, quien "mueve el sol y las otras estrellas".
Aristóteles dice: yo soy, tú eres, tu mundo existe, tu Dios existe. Tú eres, todos somos entes; de todo -en modo analógico- se puede predicar la entidad, la existencia, el ser. De todas estas cosas estoy cierto. Parto de estas certezas y, aplicando el principio de causalidad, llego a Dios, como causa primera, fin último y primer motor.
Descartes, en cambio, duda, no tiene certeza de la existencia de entes sensibles. No acepta la evidencia del sentido. Por tanto, buscando el fundamento primero e indiscutible de la certeza, que sea también el inicio del saber, lo encuentra (cree encontrarlo) en un acto del espíritu, en la conciencia por parte del yo, de mi yo, de existir: el famoso "pienso, luego existo”, yo existo, yo sé que existo. Esto es lo primero que sé y de lo que estoy absolutamente cierto. Yo soy una res cogitans, soy un ente pensante, soy, como se dirá, un sujeto. De aquí deduzco todo el saber, sobre el que fundo toda certeza, incluso la sensible, incluso la certeza de la existencia de Dios.
Descartes dice: yo estoy inicialmente y fundamentalmente sólo cierto de mí mismo, de mi ser, de mi existencia. Soy el objeto primero e inicial de mi saber. Objeto "a priori", como se dirá más tarde, lo que quiere decir no "primero" en sentido temporal, sino primero por importancia, puro objeto del pensamiento. Soy consciencia de mi pensar y de mi ser un sujeto pensante. ¿Y las otras cosas? ¿Y las otras personas? ¿Y Dios? Por supuesto que todo esto existe, distinto de mí, delante de mí, pero estoy cierto porque tengo certeza de mi yo, de mi pensar, de mi ser. Lo deduzco de esta certeza absoluta fundamental.
Para Aristóteles, el objeto de la metafísica es el ente. También para Descartes el objeto de la metafísica es el ente, pero en este caso el ente es ante todo mi ente, el ente que soy, en el cual se recoge todo el resto y por el cual todo el resto puede ser derivado o deducido o partiendo del cual todo el resto puede ser descubierto y demostrado: los otros, las cosas, mi propio cuerpo, Dios. En cambio, el ente, para Aristóteles, es el ente múltiple y analógico, recabado de los entes: yo mismo, los otros, las cosas, Dios.
Después de Descartes el ente llega a ser el "sujeto", el ente autoconsciente, el ser se identifica con el pensante en acto, con el pensar y con el ser pensado. Nace un nuevo concepto de persona: no ya la persona como sustancia compuesta de alma y cuerpo, capaz de entender y de querer como enseña Aristóteles, sino como autoconciencia y libertad en acto [Inútil es decir que éste es un concepto de persona que solo va bien para Dios, no para el hombre, quien sigue siendo persona aunque no ejerza en acto las funciones propias de la persona]. Entonces, si no existe esto, no existe la persona. Kant, Fichte, Schelling, Hegel, Rahner desarrollarán estas consideraciones de Descartes. El ser es el yo, es la autoconciencia, acto de pensamiento, identidad de ser y pensamiento, el ser soy yo, pero el ser es también Dios. Así que al final Dios coincide con el yo. Mientras Fichte desarrolla el ser como yo, Hegel desarrolla el yo como Ser. Heidegger pone entre ser y hombre una reciprocidad esencial, de modo que el uno depende del otro y el uno entra en el concepto del otro. Metafísica y antropología coinciden.
¿Qué dice la Biblia?
Hagamos ahora una comparación con la Biblia. En ella, la noción del ente es analógica y múltiple. El ente creado participa del ente divino. El mundo es una familia de entes bajo el gobierno del sumo ente que es Dios, todos derivando de él y, por tanto, todos emparentados con él. Ente sumo -El Que Es- es Dios, pero los entes son sus creaturas, hechos a su imagen y semejanza, sobe todo la criatura humana y angelical. No el hombre sino Dios es el creador de los entes, de modo que el hombre los encuentra ya existentes independientemente de su pensamiento y por tanto la verdad, que encuentra su sumo paradigma en la fe -como aparece por san Pablo-, es acto de obediencia -aquello que Tomás de Aquino llamará adaequatio- a la realidad objetiva, que está frente a mí y de la cual formo parte yo mismo. Todo esto está en plena consonancia con la metafísica, la gnoseología y la antropología de Aristóteles.
Por el contrario, en Descartes no es el sum que se reconduce al ente, sino a la inversa, es el ente que es inmanente al sum y está fundado en el sum. Por esto, si Descartes todavía reconoce la objetividad de las cosas, de las otras personas o de Dios, siembra sin embargo esa semilla de inmanentismo que será luego desarrollada por el idealismo alemán, donde el yo sustituye a Dios y toma el lugar de Dios.
Objeto inmediato del pensamiento, para Descartes, no es el ente, no son las cosas, sino el pensamiento mismo, el "cogito" (la "idea", y de ahí el término "idealismo). Surge el problema de cómo alcanzar el ente, que no sea mi propio ser ("sum"). A menos que reduzca todo a mi ser. Esto es lo que hará el idealismo posterior. Este problema para Aristóteles no existe, porque para él el intelecto capta el ente natural e inmediatamente (lo "real", y de ahí el término "realismo") y sólo secundariamente capta sus propias ideas, porque conoce su pensar.
El contraste de fondo entre Descartes y Aristóteles radica en el concepto del ente, del conocimiento y de la persona. Aristóteles abre el yo al ente, reconociéndolo en sus límites, pero también poniendo las condiciones para una relación del hombre con Dios, que será desarrollada por el cristianismo. En cambio Descartes tiende a reducir el ente al yo entendido como espíritu, de modo que el yo tiende a ser enormemente inflado, como ocurrirá con el idealismo alemán, pero al mismo tiempo -como ha hecho notar Cornelio Fabro- mientras el concepto cartesiano de cuerpo humano como res extensa favorecerá el posterior materialismo, y el escepticismo frente al conocimiento sensible conducirá al moderno fenomenismo. Por otra parte, siempre según el análisis de Fabro, el cogito cartesiano es al mismo tiempo un volo, porque -como aclarará Fichte- el sum no es descubierto por el yo, sino "puesto" por el yo. Yo no preexisto a mi conciencia de ser yo, sino que está puesto por mi propia conciencia.
Por otra parte, se da aquí una identificación del intelecto con la voluntad. La verdad no como adaequatio sino como positio, no como descubrimiento del intelecto y norma del intelecto, sino como puesta, decidida por el querer. De ahí el concepto idealista de libertad como auto-ponerse, aquello que será el autoctisi de Gentile. El sujeto no es creado por Dios, sino que se pone libremente y voluntariamente en el ser. O bien el sujeto es Dios mismo: panteísmo. Pone su propio ser. Mi ser deriva de mi pensamiento que al mismo tiempo es mi absoluto querer. He aquí, entonces, la voluntad de poder de Nietzsche y la puerta abierta a toda violencia ejercida por el poderoso sobre el débil y por el explotador sobre el oprimido.
Esta comparación entre Aristóteles y Descartes suscita en nosotros un gran asombro considerando el hecho de que mientras Aristóteles era un pagano que no conocía la revelación cristiana, Descartes era un católico que aparece después de dieciséis siglos de filosofía cristiana; sin embargo, la filosofía de Aristóteles, en los tres fundamentales sectores del pensamiento antes mencionados, se ha revelado más en armonía con el cristianismo que la filosofía de Descartes, no obstante el éxito que ha obtenido tanto en ambientes católicos como en ambientes protestantes, hasta nuestros días, tanto es así que hoy incluso hay teólogos que creen que la renovación teológica impulsada por el Concilio Vaticano II sugiere sustituir la teología escolástica derivada de Aristóteles por la mediación de santo Tomás de Aquino, por la teología que utiliza la filosofía idealista alemana derivada de Descartes. Y esto no obstante el hecho de que el Magisterio de la Iglesia, como es bien sabido, siempre ha recomendado la obra de recuperación del pensamiento aristotélico realizada por santo Tomás de Aquino, mientras que ya en el siglo XVII puso en el Indice las obras de Descartes.
Descartes se ha hecho la fama de ser el fundador de la "filosofía moderna", una inversión total de la precedente, "aristotélico-escolástica"; pero se trata de una forzada interpretación propagandística operada por sus seguidores, la cual lamentablemente ha logrado imponerse en los historiadores de la filosofía. En realidad, el cartesianismo, como ha afirmado el propio Heidegger, que aquí está más allá de toda sospecha, es un retorno al subjetivismo de Protágoras. ¡Otra que "filosofía moderna"! Ella ha exhumado viejísimos errores ya refutados por Aristóteles. La "modernidad" cartesiana no ha conducido a una sana modernidad, sino al modernismo.
La verdadera, la sana filosofía moderna es la actual filosofía católica, que desarrolla y explicita las antiguas inmortales e irrefutables intuiciones aristotélicas, purificadas, enriquecidas y sublimadas por el Aquinate y por su escuela, inspiradas por aquel Espíritu de Verdad que renueva todas las cosas, y es todavía la recomendada por la Iglesia y por el propio Concilio Vaticano II.
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 29 de abril de 2010
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Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum realismus Aristotelis magis conveniat cum fide christiana quam idealismus Descartes
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod idealismus Descartes catholici magis conveniat cum fide christiana quam realismus Aristotelis pagani.
1. Quia Descartes catholicus erat et post sedecim saecula philosophiae christianae scripsit, Aristoteles autem paganus erat et revelationem ignorabat. Ergo eius philosophia magis debet concordare cum christianismo.
2. Praeterea, Descartes existentiam Dei affirmat eam deducendo ex cogito, et sic videtur certitudinem fidei fundare in principio indubitabili, firmiore quam experientia sensibili.
3. Item, idealismus Cartesianus altam notionem personae evolvit ut autoconscientiam et libertatem, quod videtur magis congruere cum dignitate humana a christianismo tradita.
4. Denique multi theologi hodierni tenent renovationem theologicam a Concilio Vaticano II impulsam requirere substitutionem theologiae scholasticae ex Aristotele derivatae per philosophiam idealisticam Germanicam ex Descartes ortam.
Sed contra est quod Scriptura docet veritatem esse obedientiam ad realitatem obiectivam, sicut dicit Paulus, et Thomas veritatem definit ut adaequationem intellectus et rei. Magisterium Ecclesiae semper commendavit opus recuperationis cogitationis Aristotelicae a Thoma Aquinate factum, cum iam saeculo XVII opera Descartes in Indicem relata sint. Praeterea Cornelius Fabro ostendit cogito Cartesianum esse etiam volo, ex quo oriuntur pantheismus et voluntas potentiae.
Respondeo dicendum quod Aristoteles incipit a certitudine entium sensibilium et, applicando principium causalitatis, pervenit ad Deum tamquam causam primam et motorem immobilem. Ipsius metaphysica, gnoseologia et anthropologia plene consonant cum revelatione biblica, quae ens multipliciter et analogice proponit, derivatum a summo ente quod est Deus. Contra, Descartes a dubitatione incipit et certitudinem invenit solum in cogito, ens ad ego cogitantem redigens. Inde nascitur inmanentismus, idealismus Germanicus, pantheismus et denique modernismus. Cogito Cartesianum est etiam volo, quia ego se ipsum ponit in esse, intellectum et voluntatem identificans, quod aperit ianuam voluntati potentiae et violentiae. Sic, Aristoteles, quamvis paganus, disponit ad obedientiam Deo et legi eius, Descartes autem, quamvis catholicus, seminat semen rebellionis contra Deum et atheismi. Vera philosophia catholica consistit in continuandis et elevandis Aristotelicis intuitionibus sub lumine Aquinatis et scholae eius, inspiratis ab Spiritu Veritatis.
Conclusio: Realismus Aristotelis magis convenit cum fide christiana quam idealismus Descartes, quia agnoscit obiectivitatem entis et viam aperit ad relationem hominis cum Deo. Idealismus Cartesianus autem ens ad ego reducit, subiectivitatem inflans et veritatem ut adaequationem debilitans, quod ad modernismum ducit.
Ad primum dicendum quod, licet Aristoteles paganus esset, eius philosophia magis se ostendit concordem cum christianismo quam illa Descartes, sicut Magisterium agnoscit.
Ad secundum dicendum quod deductio Cartesianorum de Deo ex cogito inmanentismum seminat et transcendens divinum non assecurat, sed Deum ad ego reducit.
Ad tertium dicendum quod notio Cartesianorum de persona ut autoconscientia et libertas ad subiectivismum et pantheismum ducit, cum notio Aristotelica personae ut substantia ex anima et corpore composita magis conveniat cum anthropologia christiana.
Ad quartum dicendum quod substitutio theologiae scholasticae per philosophiam idealisticam contradicit constantibus commendationibus Magisterii, quod semper opus Aquinatis tamquam fundamentum theologiae securum proposuit. JG
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