¿Puede la inculturación litúrgica convertirse en una traición a la sangre de los mártires? ¿Qué significa que, después de siglos de victoria sobre los ídolos, se introduzca Pachamama en los templos católicos como si fuera un símbolo inocente? ¿No es alarmante que el sentido de lo sagrado se haya debilitado hasta confundir la liturgia con la magia y el culto divino con la idolatría? ¿Cómo interpretar el silencio de tantos pastores frente a la profanación y la ligereza con que se justifican prácticas incompatibles con el monoteísmo? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli (publicado en 2019, en el contexto del Sínodo sobre la Iglesia en la Amazonía) invita a discernir si la verdadera inculturación debe seguir el camino luminoso de Guadalupe y del Cántico de las criaturas, o si corre el riesgo de convertirse en una regresión idolátrica disfrazada de liturgia amazónica.
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
lunes, 27 de abril de 2026
¿Puede existir una liturgia amazónica?
¿Puede existir una liturgia amazónica?
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en su propio blog el día 6 de noviembre de 2019. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/puo-esistere-una-liturgia-amazzonica.html)
Una buena intención del Sínodo
El documento final del Sínodo sobre la Amazonía, refiriéndose a los ritos religiosos indígenas, en vista de la elaboración de un rito católico amazónico, observa que "la vida de las comunidades amazónicas... se refleja en la creencia y los ritos sobre el actuar de los espíritus de la divinidad, llamados de innumerables maneras, con y en el territorio, con y en relación con la naturaleza" (n.14).
La intención del Sínodo de elaborar una liturgia católica "inculturada", una liturgia "con rostro amazónico", adecuada a los católicos amazónicos, es indudablemente laudable y necesaria; pero para tal fin es necesario una prudente labor de verificación, de cribado y de discernimiento, a la luz del Evangelio y del magisterio de la Iglesia, de aquellas formas y expresiones de la ritualidad y de la cultura religiosas indígenas, que puedan ser utilizadas para la mencionada elaboración. A tal fin, sin embargo, se debe dar una precisa respuesta a las siguientes preguntas.
¿Cuáles son estas creencias y estos ritos? ¿Quiénes son y qué son estos "espíritus de la divinidad"? ¿Dios posee espíritus? ¿Son espíritus que emanan de Dios? ¿Son asimilables a los siete dones del Espíritu Santo? ¿Son sujetos personales, son criaturas o son dioses? ¿Son ángeles? ¿Son almas de los Santos? ¿Son asimilables a los "siete espíritus", de los cuales habla el Apocalipsis? (Ap 1,4). ¿Están los espíritus penetrados por la sabiduría? (Sab 7,23). ¿Son los espíritus de los difuntos? ¿Son los espíritus convocados por los nigromantes? (Dt 18,11; Is 8,19). ¿Son los espíritus de los animales, según la creencia de los chamanes? ¿De qué divinidad se habla? ¿Cuál es la relación de estos espíritus con la naturaleza?
¿Y la naturaleza cómo es considerada? ¿Como criatura, signo y prueba de la existencia de Dios, gobernada por Dios para el bien del hombre, como madre, pero también madrastra, amorosa pero también hostil, dulce pero también terrible, como jardín pero también como desierto, tierna pero también severa, como ambiente natural del hombre, como mundo puesto por Dios a disposición del hombre, para utilizar con sobriedad para la satisfacción de sus necesidades materiales, como libre de los poderes malignos, como morada de los ángeles y de los santos, destinada a ser renovada en el mundo futuro de la resurrección?
¿O bien la naturaleza representada por la estatuilla de Pachamama, la Madre Tierra, como conjunto unitario y orgánico de los dioses, de los espíritus, de los hombres, de los animales, de las plantas, de los ríos, de los lagos, de los mares y de las montañas? ¿Como Uno-Todo, como totalidad eterna, viviente, deveniente, infinita, absoluta y divina? ¿Sin un Dios por encima de ella, que la haya creado y la gobierna, sino Dios ella misma, suficiente en sí misma?
Es evidente que en estos temas delicadísimos y oscuros no se puede permanecer en lo vago y es absolutamente necesario evitar la facilonería y la aproximación. Es necesario, en cambio, comprender cuánto, al abordar estos temas, sea necesario recopilar una adecuada documentación histórica y fáctica, hacer un atento examen y una exacta interpretación de todos estos elementos, sobre la base de una específica preparación teológico-litúrgica y de un profundo conocimiento de los usos, de las prácticas, de las normas, de las creencias, de las representaciones, de los símbolos, de las tradiciones, de los cantos, de las danzas, de los gustos, de los mitos, de las fórmulas, de los ritos y de las ideas de las poblaciones locales, antes de proceder a su utilización para la elaboración de una liturgia amazónica.
¿Quien lo hubiera jamás pensado?
Excepto que ha sucedido algo desconcertante. La controversia en torno a las estatuillas de Pachamama ha sacado a la luz un hecho trágico, del cual todavía hace pocos años no parecía confirmado o no se había sospechado, y que se suma a los ya muchos males que afligen a la Iglesia: una impresionante reaparición de la idolatría en el interior de la Iglesia, fenómeno que, después de haber puesto a prueba a la Iglesia en los primeros siglos y haber dado lugar al testimonio de muchos mártires, que precisamente no han querido plegarse ante los ídolos, parecía un fenómeno ya muerto para siempre. Sin embargo, dados ciertos precedentes de decadencia teológica y litúrgica vigentes desde décadas, se podía imaginar que tarde o temprano habría de estallar este bubón.
De hecho, he aquí el reaparecer del fenómeno mencionado y precisamente allí donde menos lo esperábamos, con la ya famosa ceremonia en los jardines vaticanos, a la que ha seguido la presencia de Pachamama en la Basílica de San Petro y en la iglesia romana de Santa Maria in Traspontina.
Lo chocante es que el Papa mismo, con suma imprudencia o censurable ligereza, se ha dejado envolver y seducir por esta infausta y abominable regurgitación del paganismo, y después del significativo episodio de las estatuillas arrojadas al Tíber y re-pescadas (siempre y cuando hayan sido las mismas), ha tenido palabras de comentario sobre los hechos, con las cuales, con increíble imprevisión e ingenuidad, ha mostrado haber malinterpretado completamente cuanto había sucedido, llegando en la práctica a apoyar la causa de Pachamama contra aquellos -y entre ellos se encontraban ilustres obispos y cardenales- que habían denunciado la profanación de los lugares sacros a causa de la presencia en ellos del ídolo y condenando enérgicamente el retorno de la idolatría.
He aquí, entonces, que el Papa sale en frases del todo fuera de lugar, como cuando, después del hecho del Tíber, ha pedido "perdón" a los adoradores de Pachamama, en lugar de pedir perdón a los fieles escandalizados por la presencia del ídolo en una iglesia. O bien cuando ha dicho que la estatuilla estaba presente en la iglesia "sin intenciones idolátricas", cuando se sabe que en realidad en la Amazonía es objeto desde hace siglos de culto idólatra. ¿Qué hacía la estatuilla en la iglesia, lugar deputado apara el culto del único verdadero Dios?
Pero el signo asombroso y trágico de este retorno de la idolatría ha sido el hecho de que poquísimas, aunque muy significativas y autorizadas, han sido las voces de obispos y cardenales que se alzaron contra el sacrilegio y la profanación, encerrándose en cambio la mayoría en un reprobable silencio, que no se sabe si juzgar connivencia con la impiedad o mezquino oportunismo y miserable adulación de quienes no quieren perder el favor de un Papa que produce escándalo a la Iglesia.
Pachamama es una diosa. Mons. Kraütler es un impostor
Mon. Kräutler, gran organizador del Sínodo sobre la Amazonía, recientemente ha sostenido que Pachamama no es una diosa, sino el símbolo de la fertilidad de la tierra. Para desmentirlo, bastaría la simple consideración de que para la religión indígena, Pachamama no es una creatura de Dios, sino que, por cómo es tratada por sus devotos, está claro que para ellos es una persona absoluta, existente por sí o auto-existente. En todo caso, podemos verificar la falsedad de la afirmación de mons. Kräutler, basándonos en las siguientes informaciones proporcionadas por Wikipedia:
"1. Nombre. Pachamama (también Pacha Mama o Mama Pacha) significa Madre Tierra en lengua quechua. Se trata de una divinidad venerada por los Incas y por otros pueblos habitantes del altiplano andino, como los Aimaras y los Quechuas. Es la diosa de la tierra, de la agricultura y de la fertilidad.
2. Origen del culto. Los motivos que llevaron a venerar a Pachamama además de Inti (Dios Sol) parecen ser los siguientes: a) la mitología incaica prevé una dualidad: Inti divinidad masculina y alta debía tener una contraparte femenina y baja; b) el culto a Inti en realidad estaba reservado a una élite, mientras que el culto a Pachamama estaba más ligado al mundo rural y, por tanto, al pueblo.
3. Culto. En el mes de agosto las poblaciones andinas aún practican el culto de acción de gracias a la Pacha-mama, devolviendo a la madre tierra el alimento que ella brinda. Se cava una zanja, un enorme hoyo en el que todos los oferentes que participan en el rito guardan los alimentos, las comidas y los platos, que se han cocinado especialmente para la ocasión. Cada uno de los participantes vierte una porción de comida, agradeciendo a la madre tierra. Al final se tapa completamente el hueco, y cada participante coloca una piedra. Al final se forma un verdadero y propio montículo de piedras llamado Apachete. Por lo general, siempre se elige el lugar más alto para lograr que esté lo más cerca posible del Sol (Inti).
Hasta el día de hoy, a la Pachamama se le hacen ofrendas (ch'alla o challa) para que la tierra sea más fértil y para propiciar la cosecha. La ofrenda consiste en el sacrificio de un feto de llama derramando su sangre en el terreno. Otras veces la ofrenda a Pachamama puede consistir en unas hojas de coca. El culto era presidido por un sacerdote, llamado Amauta. En la actualidad, aunque todavía se practica el culto, esta figura ya no existe y el término Amauta ha caído en desuso. En el culto moderno a Pachamama el Amauta es reemplazado por un Paqo o paqochero (sabio) que enseña y comunica la espiritualidad a las nuevas generaciones. El legado espiritual del Paqo se da de tres formas: a. transmisión oral de maestro a discípulo, b. transmisión de conocimientos de la medicina tradicional; c. el futuro Paqo (elegido gracias a fenómenos naturales) entra en contacto con la diosa a través de una hermandad espiritual, llamada Qhapaqkanga.
4. Mito. Pachacamac, dios del cielo, se unió a la Pachamama y de esta unión nacieron dos mellizos, un niño y una niña. Como en otros mitos andinos, el padre murió o bien, según otras leyendas, desapareció en el mar o fue aprisionado por un maleficio en una isla de litoral. Pachamama quedó viuda y sola con sus hijos. En la Tierra reinaba la oscuridad. En la distancia vieron una luz que siguieron mientras escalaban montañas, cruzaban lagunas y luchaban contra monstruos.
Finalmente llegaron a una cueva conocida como Waconpahuin, habitada por un hombre llamado Wakon, quien tenía sobre fuego una papa y una olla de piedra. Pidió a los dos hijos de Pachamama que trajeran agua. Los dos se demoraron y Wakon intentó seducir a Pachamama. Al verse rechazado, la mató, devoró su cuerpo y puso los restos en la olla. Los gemelos regresaron y preguntaron por su madre. Wakon nada dijo, sólo que pronto regresaría, pero los días pasaban y su madre no regresaba.
Huaychau, pájaro que anunciaba el amanecer, se compadeció de los mellizos y les contó lo sucedido a su madre, advirtiéndoles del peligro que corrían al quedarse con Wakon. Los niños ataron los cabellos de Wakon a una gran piedra, mientras él dormía, y huyeron a toda prisa. Se encontraron con un zorro hembra, Añas, quien después de preguntarles por qué huían y adónde iban, los escondió en su guarida. Entretanto, Wakon se liberó y fue en busca de los gemelos. Primero encontró a varios animales a los que les preguntó si habían visto a los niños, pero nadie pudo ayudarlo. Finalmente se encontró con Añas. Ella le dijo que los niños estaban en la cima de una montaña y que él podría, una vez arriba, imitar la voz de la madre para que los niños salieran al descubierto.
Wakon comenzó a correr afanosamente hacia la cima y no se dio cuenta de la trampa que la astuta zorro Añas le había tendido. Wakon cayó desde un barranco y, al morir, provocó un violento terremoto. Los mellizos se quedaron con Añas, quien los alimentó con su sangre. Satisfechos, preguntaron si podían ir a recoger papas. Encontraron una oca o papa oca (en quechua uqa, Oxalis tuberosa, un tubérculo parecido a una patata) que parecía un muñeco. Jugaron con ella, pero se rompió un pedazo. Los niños dejaron de jugar y se quedaron dormidos.
Dormida, la niña soñó que lanzaba su sombrero al aire y que quedaba suspendido sin volver a caer. Lo mismo sucedió, en el sueño, con su ropa. Una vez despierta le contó el sueño a su hermano. Mientras los niños se preguntaban por el significado del sueño, vieron una cuerda larguísima en el cielo. Intrigados, subieron y subieron.
En lo alto de la cuerda vieron a su padre, Pachacamac, compadeciéndose de sus desventuras. Reunidos con su padre, se transformaron en el Sol (el varón) y la Luna (la niña). En cuanto a Pachamama, ella siempre permaneció abajo, tomando la forma de un imponente nevado llamado, aún hoy, La Viuda".
Observaciones
1. A Pachamama se le hacen ofrendas y sacrificios y se le piden favores, actitud característica del culto divino.
2. Concepción de la naturaleza como un Todo viviente, en el cual lo no-viviente se transforma en viviente y viceversa. Divinización panteísta de la naturaleza.
3. Dios masculino (Pachacamac, Inti, el Sol) y Dios femenino (Pachamama, la Tierra). Aquí aparece la equivocidad de la expresión "Dios Padre-Madre", usada por el Instrumentum laboris, que nada tiene que ver con la famosa metáfora del Dios "Madre", usada por el papa Juan Pablo I, que no suponía en absoluto un dios sexuado, sino, salvo el atributo revelado esencial trinitario de la Paternidad, pretendía afirmar que Dios muestra la ternura de una madre, como está ya insinuado en el Antiguo Testamento.
La debacle litúrgica
En esta coyuntura, no ha existido el sentido de lo sacro, no se ha dado el sentido religioso, ha faltado el sentido de la liturgia y del culto divino, no ha habido el respeto a Dios, sino una intolerable escandalosa y generalizada indiferencia, por no decir apoyo a los idólatras por parte de aquellos que son los ministros y custodios del culto divino.
Todo esto denota un clima generalizado de gran extravío doctrinal y moral acerca de la esencia y la dignidad del culto divino, por lo cual sucede que, aunque se utilice la palabra "Dios", o se ore a "Dios" o se realicen actos litúrgicos, detrás de ellos, detrás de esa palabra "Dios" ya no existe el verdadero Dios, ya no existe un concepto correcto y suficiente de Dios, creador, inmutable y trascendente, según la sana razón y la fe, ya no existe más una sincera, sentida y convencida relación con el verdadero Dios, sino un formalismo externo detrás del cual está el Dios del panteísmo, el Dios del modernismo, el Dios de la masonería, el Dios de Descartes, de Kant y de Hegel, en suma, un falso Dios o al menos un concepto insuficiente de Dios, que prácticamente es un ídolo.
O bien está la pura y simple conveniencia de realizar ciertas prácticas y ciertos ritos que aseguren satisfacciones y ventajas humanas, sociales y económicas. La práctica litúrgica, celebrada con descuido, distracción, despreocupación y sin convicción, ya no es una necesidad del alma, sino una práctica convencional, un poco aburrida pero útil, porque asegura un cierto prestigio social, como el pago del ticket para entrar al teatro. El centro de la propia vida no es la liturgia, sino la realización de las propios dotes personales.
Se confunde el Dios que está en los cielos con el dios de este mundo. Uno que, por ejemplo, antes de ser sacerdote fue maestro o comerciante o empresario, como sacerdote no asume una espiritualidad sacerdotal, sino que conserva su mentalidad secularista de antes, con el agregado de la celebración de la Misa y de las confesiones, porque de lo contrario no daría ninguna señal de ser sacerdote.
Por los tanto, es necesario repristinar con urgencia el concepto del sacerdocio y de la liturgia. Por ejemplo, el hecho de que algunos, con audaz obstinación, no obstante la oposición absoluta de la Iglesia, auspicien el sacerdocio de la mujer o entiendan al sacerdote como un simple trabajador social o cabeza de la comunidad, quiere decir que no saben qué es el sacerdote. El Concilio Vaticano II tiene un espléndido documento sobre la liturgia y varias veces los Papas del postconcilio nos han dado sabias enseñanzas y reclamos sobre la liturgia. ¿Pero qué ha quedado de todo ello, si hoy cardenales y obispos permanecen indiferentes ante la obscenidad de ídolos paganos adorados en los jardines vaticanos e introducidos en las iglesias junto al Santísimo Sacramento y las sagradas imágenes de la Virgen y de los Santos?
Hemos llegado de no saber ya distinguir el culto divino del culto de los ídolos. La escenificación blasfema del ingreso de la estatua de Pachamama en San Pedro llevada en hombros por prelados rodeados de otros prelados sonrientes, nos hace comprender a qué falta de sentido de lo sacro y de ignorancia litúrgica hemos llegado, si se confunde la introducción sacrílega de un ídolo en la iglesia con una simpática muestra de productos artesanales locales.
Liturgia e idolatría
La cuestión de la distinción entre liturgia e idolatría no es simple y supone una recta concepción de la divinidad, de lo que de ella podemos esperar y de nuestros deberes hacia ella. Ante todo necesitamos una concepción correcta de Dios, es decir, monoteísta. En efecto, el monoteísmo sabe que Dios no puede sino ser uno solo. En efecto, para ser verdadero Dios como conviene a Dios, debe ser el absoluto perfectísimo. Pero si junto a él hubiera otro dios, este dios, para distinguirse del primero, debería tener cualidades que el primero no tiene, por lo cual le faltaría algo y ya no sería el absoluto, ya no sería Dios.
¿Qué es la liturgia católica? Es la acción sacerdotal de Cristo, Cabeza de la Iglesia, que, a la diestra del Padre, intercede ante el Padre, presentando la ofrenda de Sí mismo en expiación de nuestros pecados, renovada en modo incruento en el sacrificio de la Misa y en los sacramentos por las manos del sacerdote con el concurso del santo pueblo de Dios.
La liturgia es un conjunto de acciones sagradas salvíficas y santificantes que culminan en la Misa o se derivan de la Misa. Toda acción sagrada es ejercida por un ministro, ordinariamente el sacerdote, para beneficio espiritual de los fieles. Se compone de tres elementos: un factor verbal formal (la fórmula litúrgica); un elemento gestual simbólico; un factor material, el uso de particulares materias u objetos, que normalmente constituyen la materia del sacramento. Se desarrolla en el tiempo y en el espacio según una sucesión ordenada de partes fijas, denominada "ceremonia". El núcleo de la acción litúrgica es de institución divina y por tanto es universal e inmutable. Sin embargo, en torno al núcleo inviolable, está permitido un espacio accidental, variable y mutable, de libre creatividad del ministro o del fiel, sin tocar la sustancia del acto, sin cometer sacrilegio ni invalidar el acto litúrgico.
La Iglesia puede aprobar, fijar o determinar por autoridad ciertos detalles o modalidades o permitir o convalidar las formas más acertadas, que mejor pueden expresar o interpretar las instancias, la cultura, las preferencias, el sentir o los gustos de un determinado ambiente o de un determinado pueblo, de una grupo dada, o de una determinada clase social, en varias y mutables formas de celebración, llamadas "ritos", en los varios tiempos y lugares. La acción con la cual la Iglesia hace esta operación se llama "inculturación" o adaptación de la liturgia. El Sínodo ha abordado el problema de la inculturación de la liturgia en la Amazonía. No es la liturgia la que debe reducirse a un hecho de cultura local, sino que es la cultura local la que debe expresar la liturgia.
Debe hacerse una neta distinción entre el culto divino y el culto católico de los Santos, comenzando por la Nuestra Señora. Sobre este punto, desafortunadamente, Lutero produjo una gran confusión, pensando que nosotros los católicos, al rendir honores litúrgicos a los Santos, somos idólatras. Sería idolatría si en cambio veneráramos a los Santos como si fueran dioses, ofreciéndoles sacrificios y presentándoles peticiones como si de ellos dependiera nuestra salvación. Si celebramos una Misa en honor de santo Domingo o de san Francisco, esto no significa que nosotros, como creía Lutero, ofrezcamos un sacrificio a santo Domingo o a san Francisco, sino que ofrecemos al Padre en Cristo en el Espíritu Santo el mismo sacrificio de Cristo en unión con santo Domingo y san Francisco y a imitación de la devoción con las cuales ellos vivieron el misterio de la Misa y disfrutaron de las mismas gracias que brotan de la Misa por los méritos de Cristo, haciéndolos por tanto intercesores para nosotros en el paraíso del cielo.
Por tanto, si nosotros invocamos a Nuestra Señora, no lo hacemos como si ella fuera una especie de Pachamama, a la cual le pedimos la salvación, sino -y esto lo saben incluso los niños del catecismo- en cuanto Le pedimos orar por nosotros e interceder ante Dios, a fin de que por su intermedio recibamos las gracias de la salvación que provienen de Cristo.
La idolatría, en cambio, supone el politeísmo, mostrando con ello mismo tener un concepto inadecuado y falso de Dios. En efecto, los dioses no son más que la divinización o absolutización de algunos héroes o personajes relevantes reales o legendarios, o de algunos valores o ideales. La sustancia de la idolatría reside, por tanto, al fin de cuentas, en la adoración de la criatura en lugar del Creador.
Signo también de politeísmo, al menos ese politeísmo popular -prescindamos de aquel docto pitagórico, neoplatónico y hermético, por otra parte dualista y antifeminista- es el distinguir entre divinidades masculinas y divinidades femeninas, en relación con lo cual se considera conveniente al varón o a la mujer. Se trata de la divinización o personificación de particulares valores, de manera que cada uno de los dioses aparece especializado en uno de estos valores y siendo su sostén y promotor.
Este concepto reaparece, si se quiere, purificado del aspecto idolátrico, en el culto católico de los Santos, cada uno de los cuales, por sus dotes personales, aparece como patrono de una particular actividad humana. Pero está claro que mientras en el politeísmo lo divino se divide en una multiplicidad de fuerzas dispersas e inconexas, en el monoteísmo estas fuerzas están ordenadas y unificadas en torno a Dios, a Él conducen y de Él derivan.
Por tanto, no basta concebir un Dios uno, si luego lo confundimos con la criatura, por tanto con el mundo, con la naturaleza, con nosotros mismos o con los productos de nuestro obrar. Tenemos de nuevo la idolatría. Por ejemplo, el Dios de Hegel no puede existir sin el mundo. Para Fichte, Marx y Gentile es el hombre quien se produce o se crea a sí mismo: el hombre por medio de la praxis en Fichte, el hombre por medio del trabajo en Marx; el hombre por medio del pensamiento en Gentile. Por lo tanto, el Hombre en el lugar de Dios. Pero esto es idolatría. De nuevo: el Dios de Spinoza se identifica con la naturaleza. Lo mismo vale para Bernardino Telesio, para los magos y los alquimistas del Renacimiento, para los cabalistas, para Giordano Bruno, para Schelling y para Goethe. El culto de Pachamama entra en este tipo de idolatría. Y más precisamente, es reconducible a los antiguos cultos de Astarté y de Ceres.
Por otra parte, se debe considerar que la idolatría, al menos aquella popular, está relacionada con la fabricación de un ídolo, por lo cual la estatuilla de Pachamama, en la intención de quien la ha esculpido, en cuanto devoto de la diosa, no se debe considerar un simple producto de la artesanía local, sino un verdadero y propio objeto de culto. Por eso, la oración del idólatra no sube a Dios, sino que se detiene en el ídolo mismo.
Por ello, el ídolo esculpido, tallado o pintado también es llamado "fetiche", del latín factitium, que significa "artefacto" o "manufactura"; por lo tanto, no se trata de una simple obra de arte para admirar estéticamente, sino que se trata de un medio de comunicación con el dios. El artista idolátrico no confecciona su obra simplemente para expresar su gusto por lo bello, sino a fin de obtener apoyo del dios representado por el producto de su arte, un dios que, no siendo el verdadero y único Dios creador del cielo y de la tierra, no puede más que ser su antagonista, el demonio.
Cómo se organiza la idolatría
El artista cumple así una obra de magia, consistente en el producir un ídolo que será utilizado por el mago para convertir en operante al ídolo. El artista, en virtud de un pacto implícito aunque tal vez inconsciente con el demonio, usa o modifica objetos, prepara extraños brebajes simbólicos, da señales misteriosas, da forma a una materia pronunciando especiales fórmulas rituales propiciatorias a fin de obtener que el dios sea presente y operante en la estatua y por medio de la estatua. Por eso, la operación mágica no saca fuerzas del poder de Dios, sino del poder del demonio. Fácilmente estas operaciones son maleficios diabólicos, afectan a hombres, animales y cultivos.
Es esta en efecto la operación propia de la magia o de la hechicería, la cual, sin embargo, aunque en una diferencia abisal, tiene una cierta semejanza con la confección del sacramento católico por obra del sacerdote, y ha sido esta similitud la que ha engañado a Lutero impulsándolo a acusar al sacerdocio y a los sacramentos de ser reconducibles a la magia y a la idolatría. [Es significativo el hecho de que la Asociación "La Notte delle Streghe", después del rito en el Vaticano, haya expresado al Papa su complacencia por su gesto de apoyo al "derecho a la libertad religiosa"].
La estatua de Pachamama puede, mas bien, representar la maternidad o la comunión con la naturaleza; pero se mantiene el hecho de que, tratándose de un ídolo -diga lo que diga mons. Kräutler-, no se presta como tal para una inculturación de la liturgia católica en la ritualidad amazónica, porque como ídolo pide para sí un culto divino ilícito, mientras que Dios no admite cultos a otros dioses fuera de Él.
Por eso la liturgia católica ha podido inculturarse en la religión romana solamente expulsando a todos los dioses, y asumiendo sólo algunos conceptos válidos de la religión romana, los cuales, debidamente adaptados, podían ser utilizados para expresar la liturgia católica, tales como religio, pietas, sacerdos, minister, pontifex, cultus, sacrum, ritus, ara, hostia, sacrificium, caeremonia, oratio, adoratio, officium, oblatio, votum, propitiatio, satisfactio, expiatio, lex, prex, vaticinium, supplicatio, iuramentum, miraculum, phanum, templum. Aparte de los atributos de la divinidad que podían ser aplicados al verdadero Dios. Pero el concepto de lo divinum o del divus debía ser reconducido desde el politeísmo hasta el monoteísmo. Y esta reconducción costó a los mártires cristianos su propia sangre. ¿Queremos renegar de esta sagrada sangre por una Pachamama cualquiera?
La verdadera inculturación
Como ha hecho notar en un bello artículo Luisella Scrosati en La Nuova Bussola Quotidiana del pasado 2 de noviembre, la verdadera inculturación de la liturgia católica en América Latina ha sido hecha por Nuestra Señora de Guadalupe, asumiendo incluso los rasgos del mestizo y la indumentaria local, sin necesidad de inmundas referencias idolátricas, absolutamente incompatibles no sólo con el cristianismo, sino ni siquiera con el monoteísmo y la sana razón, la cual sabe que Dios es uno solo.
Y así como nosotros los romanos hemos sabido renunciar a nuestros "dioses falsos y mentirosos", así invitamos cordialmente a nuestros hermanos amazónicos a hacer lo mismo con sus dioses, sin descuidar nada de cuanto en ellos puede ser recuperado, mientras nosotros los católicos expresamos toda nuestra indignada desaprobación y condena hacia aquellos de nuestros hermanos, laicos o clérigos, que después de 17 siglos de victoria sobre los ídolos, se dejan engañar tan miserablemente por el demonio, y habiendo comenzado por el espíritu, ahora parecen querer volver a la carne (cf. Gal 3,3).
En todo caso, se debe reconocer que la espiritualidad amazónica advierte en modo especial el valor de la comunión con la naturaleza, y los recursos que la naturaleza ofrece al hombre; pero también las fuerzas terribles que la naturaleza opone al hombre. Su defecto es el de no sentirla como mediadora de una relación con Dios, signo de su bondad para con el hombre, instrumento de su justicia para el hombre pecador.
Esta espiritualidad, sin embargo, que en su lado oscuro sería mejor llamar superstición, ve al mismo tiempo en la naturaleza y en su símbolo Pachamama el origen de la existencia y el término de las aspiraciones del hombre o bien aparece como diosa cruel y amenazadora, que debe ser apaciguada con sacrificios, y hasta sacrificios humanos. He aquí el culto de Pachamama.
Esta imagen hostil de la naturaleza podría ser purificada a la luz del Cántico de las creaturas de san Francisco. Este famosísimo y bellísimo cántico enseña al amazónico que no debe dirigirse a la naturaleza, a Pachamama, como si ella fuera la meta y la cumbre de las aspiraciones humanas, sino que debe dirigirse para estos fines a Dios, aunque sea también mediante la naturaleza:
"Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas, especialmente en el hermano sol, por quien nos das el día y nos iluminas. Y es bello y radiante con gran esplendor, de ti, Altísimo, lleva significación. Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas, en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas. Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo, por todos ellos a tus criaturas das sustento. Alabado seas, mi Señor por la hermana agua, la cual es muy humilde, preciosa y casta. Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego, por el cual iluminas la noche, y es bello y alegre y vigoroso y fuerte. Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sostiene y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas".
En cuanto a las amenazas y a las desgracias que nos llegan de la naturaleza, el amazónico debe aprender a no temer a la naturaleza como si fuera la primera responsable de los males que afligen al hombre. En cambio, debe ver en esos problemas que son causados por la naturaleza las consecuencias del pecado original, por lo cual o debe vivirlos en un espíritu de expiación en unión con Cristo o debe volverse a Dios para ser perdonado, si así lo quiere Él. Este es el sentido de las llamadas "Rogativas".
Pongamos un ejemplo de cómo ellas se celebraban hasta un pasado reciente: "Se celebra la Misa propia de las Rogativas, con vestiduras moradas (últimamente la Misa se celebraba después de la procesión en la capilla o iglesia prevista, ndr.). Luego se ordena la procesión, al canto de las Letanías de los Santos, comenzando al pie del altar hasta la invocación "Santa María", y continuando por todo el campo, con diferentes itinerarios en diferentes días, de modo de que cada finca, cada huerta, cada jardín, cada terrón recibe la bendición. En los lugares establecidos por la tradición -y los campesinos los conocen bien y los transmiten de generación en generación- la Procesión hace una parada. El Sacerdote interrumpe las Letanías: canta un pasaje del Evangelio. El pueblo escucha de pie; se une al celebrante para elevar a Dios la oración formulada en el Oremus. Luego se arrodilla sobre el camino, sobre la hierba, sobre las piedras. El sacerdote con la cruz bendice el campo hacia los cuatro puntos cardinales, cantando: "A fulgure et tempestate" y el pueblo: "Libera nos; Domine". Luego el sacerdote: "Ut fructus terrae dare et conservare digneris" y el pueblo responde "Te rogamus, audi nos". Con agua bendita se rocían los campos, las tiernas cosechas, las vides, las semillas de las plantas y los fieles se hacen la señal de la cruz: la procesión se recompone, se reanudan las Letanías".
Para aquellos que tienen los ojos abiertos, libres de las fantasías de Rousseau, la naturaleza no es solo madre, sino también madrastra, como bien ha señalado Leopardi. Ella, sí, ciertamente, nos mantiene en vida, pero es también madre precaria y aleatoria, y hasta se podría decir desquiciada, en aquello que en nosotros está destinado a la muerte. Por lo tanto, tengamos cuidado con la ingenuidad, la retórica y el romanticismo. Peor todavía si la naturaleza se convierte en un ídolo. Es verdad que venimos de la tierra y volvemos a la tierra, pero para subir al cielo; y de esto la tierra no sabe nada.
Por tanto, tratemos bien a la naturaleza, y usémosla con sabiduría, conociendo sus límites y defectos y respetando sus leyes. Aprovechemos también sus bellezas, dejémonos abrazar también por sus brazos maternales, sintámonos también parte de su totalidad, indaguemos también sus misterios. Pero no dejemos de darnos cuenta de que ella no puede bastar para saciar nuestra necesidad de Infinito, no dejemos de ver en ella los signos de la divina providencia, la ocasión para una vida sobria, penitente y ascética, un tesoro para compartir con nuestros semejantes, un bien para dar a los pobres, una voz, como decía san Agustín, que nos habla de Dios, el camino, para decirlo con palabras de santo Tomás, que nos conduce a Él.
P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 3 de noviembre de 2019
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Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum fieri possit liturgia amazonica inculturata sine idololatria
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod fieri possit liturgia amazonica inculturata sine idololatria.
1. Quia Synodus de Amazonia proposuit liturgiam vultu amazonico, et necessarium esset ritus ac credulitates locales accipere, ut fides inculturaretur. Alioquin imponeret exemplar alienum et evangelizatio frustraretur.
2. Praeterea quidam tenent Pachamama non esse deam, sed symbolum fertilitatis terrae. Si intelligatur ut repraesentatio naturae, eius praesentia in templis non esset idolatrica, sed expressio reverentiae creationis.
3. Item dicitur quod veneratio naturae et spirituum eius potest intelligi ut agnitio dependentiae hominis a terra, compatibilis cum fide christiana, quae etiam docet creationem curare.
4. Denique arguitur quod inculturatio requirit traditiones populorum accipere, et eas reicere esset species colonialismi spiritualis. Ergo excludere symbola indigena esset negare dignitatem illarum culturarum.
Sed contra est quod Scriptura docet Deum esse unum et non admittere cultum aliorum deorum praeter ipsum: Ego sum Dominus Deus tuus… non habebis deos alienos coram me (Ex 20,2-3). Apostolus Paulus monet sacrificia gentium daemoniis offerri et non Deo (1 Cor 10,20). Martyres primorum saeculorum sanguinem fuderunt ne adorarent idola. Ecclesia in historia sua liturgiam inculturavit tantum expulso deorum cultu et assumendo quod fidei congruebat, sicut Romae factum est. Vera inculturatio in America Latina facta est per Beatam Virginem Guadalupensem, sine symbolis idolatricis.
Respondeo dicendum quod liturgia catholica est actio sacerdotalis Christi, Capitis Ecclesiae, qui Patri sacrificium suum redemptivum offert. Ipsa est universalis et immutabilis in suo divino nucleo, licet varietatem rituum accidentalium admittat. Inculturatio legitima est cum formas culturales adaptat ad liturgiam exprimendam, numquam autem cum idola introducit. Pachamama est divinitas in religione indigena, cultui et sacrificiis obnoxia, et ideo non potest in liturgiam catholicam assumi. Eius praesentia in templis est idololatria et profanatio. Confusio inter liturgiam et idololatriam ostendit gravem doctrinalem et liturgicam ruinam, amissionem sensus sacri et debilitamentum sacerdotii. Vera inculturatio debet spiritualitatem amazonicam purificare ad lumen Evangelii, naturam agnoscendo ut signum Dei et non ut divinitatem. Spiritualitas amazonica, quae communionem cum natura extollit, elevanda est per Canticum creaturarum sancti Francisci, quod docet solem, lunam, aquam et terram esse signa bonitatis divinae. Natura non est dea, sed creatura; vires eius hostiles sunt effectus peccati originalis et cum Christo sunt vivendae. Inculturatio authentica consistit in assumendo quod verum et bonum est in culturis, expulso omni idololatrico.
Conclusio: Liturgia amazonica legitima esse potest tantum si ab idololatria manifeste distinguitur, Pachamama et alia idola expellendo, et assumendo solum quod in cultura indigena cum monotheismo christiano congruit. Inculturatio authentica sequitur viam Guadalupensem et traditionem catholicam, dum introductio idolorum est regressio idolatrica fidei incompatibilis.
Ad primum dicendum quod inculturatio non consistit in idolorum receptione, sed in culturarum purificatione ad liturgiam catholicam exprimendam. Evangelizatio non frangitur idololatrico reiecto, sed potius roboratur.
Ad secundum dicendum quod Pachamama revera est dea in religione indigena, cultui et sacrificiis obnoxia, et non simplex symbolum. Ergo eius praesentia in templis est idolatrica.
Ad tertium dicendum quod reverentia creationis exprimitur in monotheismo christiano, non in divinizatione panteistica naturae. Natura est creatura Dei, non divinitas.
Ad quartum dicendum quod idololatriam reicere non est colonialismus, sed fidelitas Evangelio et testimonium martyrum, qui sanguinem fuderunt ne idola adorarent. Dignitas culturarum servatur purificando quod verum et bonum est in eis, non accipiendo errores idolatricos.
JG
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