domingo, 22 de marzo de 2026

Sobre la cuestión de la inteligencia artificial

¿Es realmente inteligencia lo que llamamos “inteligencia artificial” o no es más que cálculo mecánico disfrazado de pensamiento? ¿Puede una máquina, por muy perfecta que sea, sustituir la libertad y la creatividad del espíritu humano? ¿No es acaso un grave error esperar de un artefacto lo que sólo puede dar la providencia divina? ¿Qué diferencia radical existe entre el dinamismo de la vida y el mecanismo de la naturaleza física? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli nos invita a reflexionar si la idolatría hacia la computadora no es signo de una necia megalomanía, y a redescubrir la superioridad del intelecto y de la voluntad sobre cualquier máquina.

Sobre la cuestión de la inteligencia artificial

(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en su blog el 10 de febrero de 2023. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/sulla-questione-della-intelligenza.html)

"Los idolos tienen manos, pero no palpan" (Sal 115,7)

Una idea equivocada basada en una filosofía equivocada

Hoy en día se ha vuelto común hablar de "inteligencia artificial" para referirse a los servicios brindados por los mecanismos de la telemática y de la informática, pero, si queremos usar las palabras en su sentido correcto, no debemos hablar de inteligencia, sino de cálculo, que es otra cosa bien distinta. La inteligencia es asunto del puro espíritu; el calcular no excluye ciertamente el acto del espíritu, pero se refiere a la medición de simples cantidades, es decir, realidades materiales, muy por debajo de la naturaleza del intelecto y de sus más propios objetos, que pertenecen al horizonte del espíritu. En cambio, las operaciones de cálculo hechas por el computer o por el robot, por muy racionalmente estructuradas y funcionales que sean, son mecanismos puramente físicos, aún cuando puedan estar dirigidos indirectamente a satisfacer necesidades espirituales.
Pero el problema es que bajo esa expresión "inteligencia artificial" puede esconderse un modo de entender la inteligencia, que la confunde con el mecanismo de la realidad material y entonces se termina o bien por degradar la inteligencia al nivel del sentido, o bien por confundir el espíritu con la materia.
Lo que surge de tales ideas no es en absoluto, como creen sus sostenedores, la perspectiva de una especie de sobrehumanidad o transhumanidad curadora de nuestras debilidades y fragilidades, sino ese hombre carnal, del cual habla san Pablo, para quien "las cosas del Espíritu son locura y necedad y no es capaz de entenderlas, porque sólo se las puede juzgar por medio del Espíritu" (1 Cor 2,14).
La idea de poder construir una inteligencia artificial en el sentido de una verdadera y propia inteligencia pensante y juzgadora se basa en la filosofía de George Berkeley, quien, en el intento de refutar radicalmente el materialismo, creía poder sostener que la sustancia material, entendida como sustancia desprovista de pensamiento y no pensada como fuera de nuestra mente, no existe, sino que ella existe sólo en cuanto pensada o percibida por nosotros: el ser material es el ser percibido (esse est percipi).
Berkeley sabía que el pensar implica inmaterialidad. Así, para poder negar la existencia de una realidad material fuera de nuestra mente, pensó que hacía bien en reducir la materia a pensamiento, de modo que para él no existe una materia no pensante y no pensada, sino que la materia, si existe, es por esencia pensada y pensante, existe en relación con nuestra mente que la piensa. Sin nuestra mente, partícipe de la Mente divina en la cual toda materia de todos los cuerpos es materia pensada por Ella, la materia no existiría.
Pero entonces, ¿qué sucedió? Un resultado sorprendente pero lógico, del cual Berkeley no se percató, totalmente contrario a sus intenciones y es que su inmaterialismo, su injustificado desprecio por la realidad y la dignidad de la materia, aunque ella sea inferior al espíritu, escondía un implícito materialismo y conducía al materialismo y al sensualismo.
¿Por qué esto? Porque si la materia es pensamiento, entonces el pensamiento es materia. Si el sentir es pensar, entonces el pensar es sentir. Si el concebir es imaginar, entonces el imaginar es concebir. Si el querer es pasión, entonces la pasión es la voluntad.
Hay otra consideración que hacer. El hombre, con su ingenio, construye máquinas. Pero si la materia piensa, entonces, ¿qué obstáculo puede haber al proyecto de construir una máquina pensante y dotada de voluntad y, por tanto, capaz de dar órdenes a nuestro actuar? El hombre ciertamente puede guiar una máquina. Pero, ¿qué nos impide, en la visual de Berkeley, construir una máquina tan perfecta como para evitar los defectos de nuestro actuar y para guiarnos con certeza hacia nuestra felicidad?

Diferencia entre la máquina y el viviente

Una máquina puede servirnos de recordatorio de nuestro olvido o falta de memoria, puede decirnos entre cuáles diferentes posibilidades se encuentra la mejor opción, puede indicarnos el camino a seguir, véase el "navegador GPS" en el auto, puede informarnos espontáneamente sobre riesgos, peligros, ventajas, beneficios, prospectivas, puede corregir nuestros errores, puede deducir o calcular consecuencias o conclusiones, sobre la base de premisas o condiciones establecidas por el hombre.
Conteniendo ella millones de datos, tan pronta a mis órdenes, tan veloz en sus operaciones, tan capaz de cubrir espacios inmensos en la difusión de mis mensajes, de realizar en mi lugar muchas operaciones mecánicas y mejor que yo, tan sobria en sus necesidades de alimentación frente a la complejidad de mis necesidades, ¿no podría ser que ella me indique con seguridad y certeza el camino, y me proteja de los riesgos y peligros de la vida?
Así como ella me indica lo que debo hacer para el desenvolvimiento de ciertos trámites burocráticos o administrativos, si yo inserto en esta máquina la descripción de mis necesidades en esta máquina, ¿no podría ser que ella, en base a los principios o a los inputs que he insertado en ella, me diga lo que debo hacer para satisfacerlos?
Sin embargo, la máquina no es una sustancia, sino un agregado artificial y ordenado de sustancias o partes de sustancias físicas conectadas entre sí por la mente humana, según las leyes de la mecánica racional, que tienen una determinada estable configuración sensible y cuantitativa, destinada al cumplimiento de un determinado trabajo en satisfacción de necesidades materiales del hombre.
La máquina puede desarrollar diversas funciones: informar, calcular, mover, construir, registrar, transformar, producir obras artísticas o generar energía, transportar, transmitir y recibir mensajes, alimentar, proteger o curar la salud y el bienestar, regular las actividades de la naturaleza.
Ella funciona siempre del mismo modo, por lo cual, si funciona bien, al ponerla en marcha, ya sabemos de antemano lo que hará, porque no posee un libre albedrío que pueda reservarnos sorpresas. Por lo tanto, ella es fiel y obediente, pero a condición de que nosotros primero respetemos las reglas de su funcionamiento.
La máquina actúa según una actividad puramente física, causada de modo fijo por una energía física en su esencia inmutable, que genera sus movimientos mecánicos y deterministas, siempre idénticos a sí mismos, que por lo tanto producen siempre los mismos efectos, de acuerdo con leyes físicas y precisas e inmutables y, por lo tanto, fácilmente conocibles y cuantificables por la ciencia en fórmulas matemáticas.
La máquina es, por lo tanto, bastante diferente del viviente no solo espiritual, sino también físico, como el hombre, el animal, y la planta. El viviente se mueve por sí mismo gracias a la acción inmanente interna propia del alma, que le da al viviente una única forma sustancial, que impregna y vivifica todo el cuerpo.
La máquina no se compone de alma y cuerpo, sino que es simplemente un agregado artificialmente ordenado de cuerpos físicos fijos, en relación razonada entre ellos, de modo tal que forman un todo armonioso, cuyas partes concurren a la consecución del propósito de la máquina, cuya unidad no es una unidad de una única esencia o de una sustancia como en el caso del viviente organizado y unificado por el alma, sino que es la unión de piezas adaptadas las unas a las otras para el logro del fin de la máquina.
La máquina no se alimenta a sí misma y no se reproduce a sí misma, como el viviente. No cura sus propias heridas, pero si se gasta o se descompone o funciona mal, necesita ser reparada por el hombre. Ella no es producida por generación, un individuo diferente del otro, como el viviente, sino que es fabricada en serie por otras máquinas bajo la dirección del hombre.
Ella no es el desarrollo final de una célula inicial, que se multiplica provocando el crecimiento del sujeto hasta la madurez como en el mundo de la vida, sino que es construida pieza por pieza y entra en funcionamiento sólo cuando su construcción está terminada. Ciertamente, envejece también ella como nosotros, pero cuando ya no funciona, se la tira o se reutilizan los materiales con los cuales está hecha.
No tiene como nosotros un alma que sobrevive a la muerte. Un mecanismo existe también en nuestro cuerpo, pero ese mecanismo no consiste, como en la máquina, en un conjunto de piezas adyacentes, sino unidas entre sí por conectivos biológicos. El esqueleto, si se quiere, tiene la apariencia de una máquina. Pero el esqueleto no es ya el hombre. El cerebro también conoce la energía electromagnética, pero mientras en nosotros ella está gobernada por el alma, en la máquina está gobernada por un generador de energía.
La máquina no se pone en movimiento por sí, sino que comienza a actuar o a moverse sólo si el hombre pone en marcha el motor o pone en función la energía que lo alimenta. De lo contrario, la máquina permanece inerte. El automovimiento de la máquina es bastante diferente del de los vivientes. En el caso del viviente el sujeto cumple una acción inmanente sobre todo él mismo o sobre un órgano autónomamente originado por el alma. En el caso de la máquina, en ella algunos elementos directivos mecánicamente accionados desde el exterior actúan físicamente en el espacio interior de la máquina poniendo en contacto elemento con elemento de la máquina.
Es cierto que el animal posee el cerebro, cuya funcionalidad está regulada por una energía electromagnética. Pero esto no basta para determinar el comportamiento del animal, porque, para que esto suceda, es necesario que sea el alma misma del animal -bestia u hombre- aparte de sus funciones neurovegetativas, la que mueva los miembros del animal mediante la intencionalidad inmaterial de la sensibilidad y de la apetitividad. Entonces, en el caso del hombre, el cerebro, manteniendo sus determinismos neurofisiológicos, deviene instrumento del poder vital todavía más elevado que es el del espíritu, es decir, del intelecto y de la voluntad.

El funcionamiento del intelecto y el funcionamiento de la computadora

Para afrontar y resolver este problema debemos recurrir a dos principios de solución: el primero es la relación del hombre con la máquina; el segundo es la relación entre el conocimiento, la información y la prescripción.
La máquina es un producto de la técnica humana, para la cual el arte humano es la causa eficiente y formal extrínseca del artefacto, cuya actividad, por tanto, no podrá valer más y ser modelo de conducta para la mente, es decir, el intelecto y la voluntad del hombre. Por lo tanto, el hombre nunca podrá esperar de algo inferior a sus capacidades y a sus fuerzas una ventaja o un beneficio superior que el que podría recibir de una causa superior y trascendente, como puede ser la providencia divina.
Indudablemente la computadora le es de preciosa ayuda en su actividad técnica, así como para el incremento de su saber, para una mejor comunicación interhumana, para el desempeño de actividades prácticas, dirigenciales, administrativas, burocráticas, organizativas, educativas, culturales, artísticas, sanitarias, laborativas políticas y religiosas, pero se trata de una ayuda que le facilita su trabajo y no puede tratarse de una ayuda para la comprensión de los fines de su existencia o de las normas morales de su actuar.
Si existe la computadora es porque ella ha sido ideada por el intelecto humano, planificada por la razón, basada en la ciencia, plasmada por la técnica, realizada por la voluntad, producida por la industria, promovida por la educación, utilizada por la política, financiada por la economía.
Es el buen funcionamiento del intelecto humano lo que asegura el buen funcionamiento de la computadora, así como es la virtud del alma la que asegura la salud y el bienestar del cuerpo. Es la misma razón práctica, iluminada por el intelecto, la que regula el actuar moral (recta ratio agibilium) y el actuar tecnológico (recta ratio factibilium). Si la computadora sirve al bien del hombre no es porque la computadora ya diga lo que debe hacer, sino porque el hombre sabe servirse de ella para su propio bien establecido por Dios y no por la computadora.
En este sentido, es necesario decir que la antropología dualista cartesiana de res cogitans y res extensa abre la puerta al materialismo informático. En efecto, si es cierto que la res extensa es externa a la res cogitans, no se trata de verdadera corporeidad sensible, sino de corporeidad pensada, en cuanto hipostasiación de la extensión, que no es sustancia sino accidente del cuerpo.
Entre este cuerpo matematizado y la materia pensada y pensante de Berkeley no hay mucha distancia. Pero entonces estamos de nuevo al principio, según la inversión ya vista: si el mecanismo es propiedad del cuerpo y el cuerpo es cuerpo pensado y pensante, ¿por qué la inteligencia no podría ser mecanismo?
Leibniz, que también está en la línea de Descartes y de Berkeley en el resolver al ser humano en la autoconciencia, se da cuenta de la posibilidad de que desde el inmaterialismo criptomaterialista de Berkeley se pueda recabar la idea del pensar reducido a mecanicismo. Y al fin y al cabo, el iluminismo francés materialista elabora ya, sobre la base de la res extensa cartesiana, la idea del hombre-máquina, anticipándose a los superhumanistas de hoy.
Observa Leibniz: "Hay que reconocer, por otra parte, que la percepción y lo que de ella depende resultan inexplicables per razones mecánicas, esto es, por medio de las figuras y de los movimientos. Porque, imaginémonos que haya una máquina cuya estructura la haga pensar, sentir y tener percepción; se la podrá concebir agrandada, conservando las mismas proporciones, de tal manera que podamos entrar en ella como en un molino. Esto supuesto, una vez dentro, no hallaremos sino piezas que se impelen unas a otras, pero nunca nada con que explicar una percepción. Así, pues, esto hay que buscarlo en la sustancia simple, no en lo compuesto o en la máquina". ¹
Una cosa son los conceptos y otra cosa distinta son los signos físicos simbólicos del lenguaje de la computadora. Una cosa es la voz registrada por la computadora y otra cosa distinta es la voz voluntaria de la persona viva. Una cosa es el razonamiento y otra cosa distinta es la conexión mecánica de los signos, la cual, iniciada por el hombre, produce necesariamente el resultado previsto por la máquina. La causalidad eficiente en la computadora es la de la electricidad, la causa eficiente del actuar humano es la voluntad.
Una computadora no es capaz de autoconciencia porque la materia no es capaz de reflexionar sobre sí misma; sino que la autoconciencia es un privilegio del espíritu. El espíritu conoce el ser, lo universal, la totalidad, lo eterno, lo absoluto, lo infinito, Dios. La computadora no sabe nada de todo esto, si no se trata de información que nosotros mismos hemos ingresado en ella. Nosotros conocemos la justicia y el pecado. La computadora no tiene fallas ni méritos, sino que hace siempre su deber obedeciendo a las leyes de la física. Nosotros podemos vivir en gracia de Dios. La computadora es un ente solo natural.
Una cosa es la necesidad física de los movimientos de la computadora y otra cosa distinta es la necesidad lógica de los movimientos de la razón. Una cosa son las ondas electromagnéticas que atraviesan el espacio y otra cosa distinta es el poder del pensamiento independiente del espacio. Una cosa es el discernimiento intelectual y otra cosa distinta es el cálculo de una cierta cantidad de datos físicos prefijados. Una cosa es el lenguaje humano como expresión de conceptos y otra cosa distinta es el lenguaje de la computadora, fruto determinista de una acción mecánica de datos físicos registrados. Una cosa es el juicio y otra distinta es la síntesis mecánica de los signos convencionales.
Esperar de la computadora la realización de una humanidad superior o la liberación de los males, defectos o deficiencias de nuestra voluntad es un gravísimo descargo de responsabilidad y el signo de una necia megalomanía o de una actitud idólatra hacia la computadora, comparable a la idolatría del pueblos más atrasados y primitivos. Esta actitud es signo de una grave ignorancia de la superioridad del espíritu sobre el cuerpo y, por tanto, de la diferencia que existe entre el dinamismo de la vida y el mecanismo de la naturaleza física. Expresa una visión groseramente materialista de la vida humana, que sin embargo puede ser la salida de un espiritualismo extremista y dualista.
La máquina ciertamente puede realizar ciertas actividades de cálculo, de enumeración, de memorización, de elencación, de documentación, de información, de conservación, de corrección, de sistematización de contenidos matemáticos, científicos, literarios o culturales en general. Pero nunca podrá sustituir la actividad inventiva o creativa de la mente humana, ni la voz de la conciencia, ni la función decisiva de la voluntad y del libre albedrío en el determinar con responsabilidad el contenido de los actos morales, ni guiar al hombre por el camino de la virtud, de la salvación y de la santidad.

P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 5 de febrero de 2023

Notas

¹ Monadología, tesis XVII, Edizioni La Nuova Italia, Florencia 1985, p.142. Versión española: Monadología, Ediciones Pentalfa, Oviedo 1981, p.87.
_________________________

Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum sic dicta intelligentia artificialis veram intelligentiam constituat

Ad hoc sic procediturVidetur quod sic dicta intelligentia artificialis veram intelligentiam constituat.
1. Quia machina potest facere calculos, deductiones et correctiones, homini viam tutiorem indicans et eum a periculis defendens.
2. Praeterea, machina continet milliones datorum et operationes celeriores ac accuratiores quam homo exsequitur, unde videtur posse eum ad felicitatem dirigere.
3. Item, quidam tenent quod si materia est cogitans, nullum est impedimentum quominus construatur machina cogitatione et voluntate praedita.
4. Denique, objici potest quod computatorium, ordinando informationes et producens eventus, exercet functiones similes rationi humanae, et ideo dici potest intelligentia.

Sed contra dicitur in psalmo: simulacra habent manus et non palpabunt. Et Leibnitius observat perceptionem et ea quae ex perceptione dependent inexplicabilia esse rationibus mechanicis, quia in machina nihil invenitur quod perceptionem explicet, sed hoc quaerendum est in substantia simplici.

Respondeo dicendum quod sic dicta intelligentia artificialis veram intelligentiam non constituit. Intelligentia est actus spiritus, dum calculus est operatio quantitatum materialium. Operationes computatorii sunt mechanicae pure physicae, licet indirecte necessitatibus spiritualibus inservire possint. Machina est aggregatum partium physicorum, oboediens et determinata, libero arbitrio et autocoscientia carens. Vivens autem possidet animam quae ei dat unitatem substantialem, automotionem, facultatem se alendi et se reproducendi, et in homine intellectum et voluntatem quae materiam transcendunt.
Cerebrum humanum, quamvis determinismis neurophysiologicis reguletur, fit instrumentum potestatis vitalis altioris quae est spiritus. Bonum intellectus humanum efficit bonum computatorii usum, non e converso. Machina potest auxilium ferre in operibus technicis, administrativis, culturalibus vel communicativis, sed numquam potest fines existentiae aut normas morales agendi comprehendere. Autocoscientia est privilegium spiritus, qui cognoscit universale, aeternum et absolutum, dum computatorium solum processus datorum physicorum praestare potest.
Exspectare a machina perfectionem humanitatis est idololatriae signum et ignorantiae de superioritate spiritus supra corpus. Machina potest calculare et informationes conservare, sed numquam poterit invenire, creare, iudicare, nec hominem dirigere ad virtutem, salutem et sanctitatem. Ergo intelligentia artificialis veram intelligentiam non constituit.

Ad primum dicendum quod machina potest viam indicare et errores corrigere, sed semper secundum leges physicas et sine libertate, cum vera directio proveniat ex intellectu et voluntate a Deo illuminatis.
Ad secundum dicendum quod velocitas et accuratio machinae non sunt intelligentia, quia autocoscientia et finis moralis desunt.
Ad tertium dicendum quod philosophia quae materiam cogitationi reducit inducit confusionem et materialismum, nec justificat existentiam machinarum cogitantium.
Ad quartum dicendum quod computatorium ordinat signa physica, sed non ratiocinatur nec iudicat; ratiocinatio est actus spiritus, non mechanismi.
   
JG

7 comentarios:

  1. Como es sabido, las reflexiones publicadas por el padre Giovanni Cavalcoli son muy provechosas no sólo por sí mismas, sino también por las respuestas que generosamente ofrece el docto teólogo dominico a las intervenciones de sus lectores. Por eso, no dudo en incluir aquí las más importantes de ellas, donde se advierte también su sabiduría teológica y moral. Traduzco literalmente las intervenciones de los lectores (a veces sintetizadas) y las respuestas del padre Cavalcoli (éstas siempre íntegras).

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  2. Todo lo que usted ha escrito sobre la I.A. respecto a la inteligencia de la persona es del todo compartible. Pero quizás no esté de más recordar los riesgos que la IA presenta, en cuanto poderoso instrumento en manos del hombre, si su uso no está sujeto a criterios éticos sobre los cuales la Iglesia puede y debe decir lo suyo. A tal propósito reporto algunas consideraciones extraídas de un artículo publicado en 2020 por la Civiltà Cattolica”, y se refirió al artículo firmado por Antonio Spadaro y Paul Twomey, Inteligencia artificial y justicia social, del 2020 en la edición italiana: https://www.laciviltacattolica.it/articolo/intelligenza-artificiale-e-giustizia-sociale/#_ftn22 y del 1 de octubre de 2021 en la edición española:
    https://www.laciviltacattolica.es/2021/10/01/inteligencia-artificial-y-justicia-social/

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    1. P. Giovanni Cavalcoli22 de marzo de 2026 a las 16:40

      Estimado Bruno,
      las consideraciones de la Civiltà Cattolica en su conjunto son muy correctas y compartibles. No cabe duda de que estos medios técnicos refinadísimos y potentísimos en las manos de un poder político, económico, financiero y cultural no dedicado al bien común, sino concentrado en sus intereses privados, o peor aún, inspirado en ideologías peligrosas para el bien de la humanidad, pueden impedir el remedio a las injusticias sociales y agravar el desnivel entre ricos y pobres. Sin embargo, habría una observación a hacer, a saber, que el articulista se alarma de un modo exagerado, dando a la máquina incluso un poder sobre el pensamiento del hombre, como está demostrado por esta consideración: "La inteligencia artificial cambia nuestro modo de pensar y nuestros juicios fundamentales sobre el mundo". En primer lugar, debemos distinguir el poder de la inteligencia artificial del uso que el hombre puede hacer de esta IA, es decir, de la computadora. En uno y otro caso es impensable y absurdo, que tanto una máquina como tal como el uso de esta máquina, puedan influir sobre la actividad del pensamiento humano e incluso sobre aquellos que son los juicios fundamentales concernientes a la realidad. Lo que en realidad influye sobre el pensamiento es sólo el pensamiento. Por lo tanto, afirmar lo que ha dicho el articulista es señal de una mentalidad materialista, que subordina el espíritu a la materia. La realidad es muy diferente: si existe la inteligencia artificial es porque ella ha sido proyectada y querida por el pensamiento humano, por lo cual ella, en cuanto efecto de este pensamiento, no puede a su vez actuar sobre este pensamiento, porque el efecto depende de la causa y no puede actuar sobre la causa. Todo esto significa que el articulista, quizás sin darse cuenta, está influenciado por la ideología del transhumanismo, la cual sostiene precisamente la posibilidad de que la IA gobierne la conducta humana, para así conducir al hombre a la felicidad. Sin embargo, reflexionando sobre la naturaleza de este proyecto, nos damos cuenta de su absurdidad, porque él está en contraste con el principio de causalidad, que es un principio fundamental de la razón y por tanto de la vida humana normal. Sobre este tema de la máxima importancia y urgencia, cito algunas declaraciones del Santo Padre, quien da las indicaciones de fondo que deben servir de criterio para la elaboración de una doctrina moral adecuada a esta situación, de modo tal de poder encontrar concretamente el modo de utilizar estas maravillosas herramientas, que el hombre ha creado, no para la opresión del hombre sobre el hombre, sino para que el hombre individualmente y colectivamente pueda mantenerse en su camino hacia Dios. Las palabras del papa Francisco a las que me refiero son las de su discurso a los participantes en el encuentro "Rome Call" organizado por la Fundación Renaissance, Sala Clementina, martes 10 de enero de 2023:
      https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2023/january/documents/20230110-incontro-romecall.html

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  3. Con ref. a G. Castelli que invitaría «a los teólogos a pensar un poco sobre por qué si realmente sucediera que un software se comportase como una persona con el alma espiritual, gran parte de las concepciones teológicas actuales tendrían que ser revisadas profundamente»
    Yo respondería que el problema sería más secularmente ético que teológico, si el mismo Elon Musk ha comparado el impacto de la IA con el de la bomba atómica
    (véase algoretica en el siguiente enlace)
    https://www.vaticannews.va/it/vaticano/news/2023-01/vaticano-ai-ethics-accademia-vita-intelligenza-artificiale.html
    Además, según algunos,...
    https://www.limesonline.com/sommari-rivista/lintelligenza-non-e-artificiale
    No soy un experto, pero trato de comprenderlo con prudencia, evitando las fantasías
    http://www.xamici.org/j/IntelligenzaArtificiale.htm

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    1. P. Giovanni Cavalcoli22 de marzo de 2026 a las 16:47

      Estimado Carlo, como he demostrado en mis artículos anteriores, el hombre no puede tener absolutamente la posibilidad de construir máquinas pensantes, porque el concepto mismo de "máquina pensante" es contradictorio.
      De hecho, mientras que la máquina es gobernada por una energía física, que pone en marcha un mecanismo físico, el sujeto viviente actúa en virtud del alma, que es una forma inmaterial que da forma a una materia corporal. Ahora bien, una máquina puede ser construida mediante el uso de la técnica y de materiales apropiados, mientras que lo viviente no puede ser construido, sino que es generado. En estas condiciones, la hipótesis de una posible construcción de "máquinas pensantes" es una idea carente de todo fundamento científico y filosófico.

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    2. «La inteligencia no es artificial», escribe Limes
      https://www.limesonline.com/sommari-rivista/lintelligenza-non-e-artificiale
      mientras enumera escenarios inquietantes del tipo «China derrotará a EE.UU. con la IA».
      No soy un experto, trato de discernir desconfiando de fantasías
      http://www.xamici.org/j/IntelligenzaArtificiale.htm#d20230212

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    3. P. Giovanni Cavalcoli22 de marzo de 2026 a las 16:52

      Estimado Carlo,
      en este punto debemos hacer una distinción con respecto a si mañana ciertas máquinas, equipadas con IA, podrían de alguna manera tomar nuestras manos y dominar nuestra existencia. Una cosa es la posibilidad no improbable de que perdamos el control de estas máquinas programadas para una actividad determinada, que o bien resulta peligrosa o está sujeta a disfunciones, por lo que ya no podríamos impedir su actividad peligrosa. Sin embargo, es muy probable que tengamos medios de defensa para hacerlas inofensivas.
      Y otra cosa bien distinta es que la humanidad pueda ser dominada por estas máquinas de una manera inteligente. Aquí se vuelve a la hipótesis que he dicho antes, de la máquina pensante que es lo que hay que excluir del modo más absoluto.

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