miércoles, 21 de enero de 2026

Notas para la Semana de la Unidad de los Cristianos

En el marco del Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos, la Iglesia nos invita a renovar la súplica de Cristo: “que todos sean uno”. El Concilio Vaticano II, en el decreto Unitatis redintegratio, ofrece las claves para comprender qué significa esta unidad y cuáles son las exigencias de un verdadero ecumenismo, fiel a la plenitud de la verdad custodiada por la Iglesia Católica. En esta nota, el padre Giovanni Cavalcoli recuerda las líneas pastorales y doctrinales que deben guiar el diálogo, la oración y el testimonio común de los cristianos en camino hacia la comunión plena. [En la imagen: el Papa durante su discurso a la delegación ecuménica finlandesa en ocasión de la Fiesta de San Enrique, el 19 de enero de 2026].

1. Según lo que enseña el decreto Unitatis redintegratio del Concilio Vaticano II, la primera cosa que hay que hacer en el ecumenismo es tratar leal, honesta y francamente con lo que Cristo realmente ha dicho y querido, en un clima de diálogo, de mutuo respeto, de mutuo perdón y de testimonio de solidaridad humana.
2. Las otras confesiones o comunidades cristianas no-católicas, después de la separación de la Iglesia católica, ciertamente han mantenido valores fundamentales, como la fe en la Santísima Trinidad y en Cristo Redentor, el Bautismo, el deseo de la salvación, la idea de la comunidad cristiana, el respeto por la Biblia y por los divinos mandamientos. Pero, como advierte el Concilio, han mantenido "lagunas" y "obstáculos" que les impiden abrazar completamente la verdad católica.
3. No hay duda de que todos estamos unidos en la común fe en Cristo, de lo contrario no nos declararíamos todos cristianos. Sin embargo, la cuestión ecuménica radica en el hecho de que no todos aceptan en plenitud la verdad del Evangelio enseñado, en esta plenitud, solo por la Iglesia Católica. Por lo tanto, como advierte el Concilio, para que las comunidades separadas puedan llamarse plenamente cristianas, deben abandonar sus errores y entrar en plena comunión con la Iglesia Católica.
4. Una recepción desordenada y desorganizada, como la actual de una pluralidad de formaciones cristianas no católicas, cada una con su propia subjetiva interpretación del Evangelio, no corresponde en absoluto a la voluntad de Cristo, así como tampoco corresponde a la realidad de la Iglesia Católica, aunque entre ellas puede haber alguna integración recíproca.
5. La tarea de los teólogos y de los predicadores católicos es la de apoyar al Papa en el anuncio de la integralidad del Evangelio, mostrando con persuasivos argumentos a los hermanos separados cuáles son las verdades del Evangelio, que ellos deben abrazar para ser plenamente fieles al Evangelio.
6. El demonio no es solo el divisor, sino también el falsario. No se limita a suscitar cismas y rebeliones, a dividir a los católicos entre ellos rompiendo el vínculo de la caridad, sustituida por el odio, por el antagonismo y por la envidia, sino que también trata de distanciar a los católicos de la verdad de la fe y de impedir a los no católicos renunciar a sus errores para abrazar la plenitud de la verdad.
7. De suma importancia es la oración, incluso la ecuménica, en la cual es necesario pedirle al Espíritu Santo que "todos sean uno", que seamos dóciles a sus impulsos, que el Espíritu Santo una los corazones y las mentes, que elimine las divisiones, los juicios malévolos, apresurados e injustos, las hipocresías, las adulaciones, el orgullo, la litigiosidad, las dobleces, las tergiversaciones, las calumnias, las recíprocas incomprensiones, las reticencias, las iracundias, los tonos agresivos, las impaciencias, las durezas de corazón, las obstinadas oposiciones y los odios, y aumente en todos la caridad y la colaboración mutua en las buenas obras, conduzca a los hermanos separados a la plenitud de la verdad custodiada por la Iglesia Católica bajo la guía del Papa.
8. No hay duda de que muchos hermanos separados son de buena fe. Esto permite la realización de lo que el papa Francisco ha llamado con bella y tradicional expresión "martirio de la sangre", al cual se puede hacer corresponder un ecumenismo de la sangre. Esto no quita que debamos buscar con caridad de iluminarlos. Sin embargo, esto justifica el derecho civil a su libertad religiosa, de la cual Santo Tomás ya habla ¹, y estos cristianos en buena fe pueden ser mejores que aquellos católicos, que conocen la verdad, pero no la ponen en práctica.

P. Giovanni Cavalcoli OP
Fontanellato, 23 de enero de 2020
   
Notas

¹ Summa Theologiae, II-II, q.10, a.11.
² El texto original del padre Giovanni Cavalcoli, en italiano, puede hallarlo el lector en el siguiente enlace: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/note-per-la-settimana-dellunita-dei.html, texto que fue publicado en su propio blog el día 24 de enero de 2020.   

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