Producción y distribución de la gracia: dos ministerios distintos en la economía de la Redención. Cristo, único autor y productor originario de la gracia, confiere directamente la gracia santificante por sí mismo o mediante el sacerdote. María, en cambio, no produce la gracia, pero la obtiene y la distribuye por su intercesión materna, como Reina de los Apóstoles y Madre de la Iglesia. En esta reflexión, el padre Giovanni Cavalcoli ilumina la relación entre el ministerio sacerdotal y el ministerio mariano, mostrando cómo ambos participan instrumentalmente en la obra redentora de Cristo, cada uno en su propio modo y función. [En la imagen: Nuestra Señora del Rosario de Fontanellato, edicola al centro del presbiterio del Santuario].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
sábado, 31 de enero de 2026
Producción de la gracia y distribución de la gracia. La acción de Cristo y la acción de la Virgen en la obra de la Redención
Producción de la gracia y distribución de la gracia
La acción de Cristo y la acción de la Virgen en la obra de la Redención
Un añadido a cuanto ya he dicho
(El artículo original, en lengua italiana, fue publicado por el padre Giovanni Cavalcoli
en su propio blog, el 13 de diciembre de 2025:
La reciente Nota Mater populi fidelis, del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, ha suscitado una interesante discusión, más allá de los conceptos de redimir y corredimir, acerca de la naturaleza, el origen, el fin, los medios y la eficacia de la gracia divina, participación analógica de la naturaleza divina y efecto en nuestras almas de la Redención de Cristo.
En particular ha surgido la distinción entre la producción y la administración o transmisión de la gracia; y, en el campo de la administración de la gracia, la administración sacerdotal o jerárquica, que comporta la producción instrumental o sea sacramental de la gracia, es decir, la infusión, el otorgamiento de la gracia por una parte y, por otra, la administración carismática, que comporta la recepción, la utilización, la distribución, la dispensación de la gracia ya dada y confeccionada. Aquí tenemos el oficio de la Bienaventurada Virgen María.
Dios es la causa primera en el ámbito de lo creado, donde actúan las causas segundas. En cambio, en el ámbito de la gracia, Él es la causa única, porque la gracia no puede ser efecto de la criatura, sino del solo Dios creador de la gracia. Sin embargo, Él ha querido, al conferir y hacer llegar la gracia a las almas, servirse de una causa segunda instrumental: la humanidad de Cristo, y no se ha detenido aquí, sino que ha querido que su Hijo Encarnado hiciera mediadoras de gracia también a nosotros pobres criaturas humanas al hacernos capaces de vivir y obrar en gracia.
Sin embargo, si no puede existir una causa segunda de la gracia, Cristo ha querido hacer a la criatura en gracia, redimida por su sangre, causa instrumental de la gracia de dos modos: así para conferir la gracia y así para distribuirla. El primer oficio es el ministerio sacerdotal; el segundo es el ministerio de María y, bajo ella, pero partícipes con ella de la obra redentora de Cristo, todos los cristianos.
¿Qué es la causa instrumental? Es una causa segunda, que actúa solo en cuanto instrumento de la causa primera. La criatura en gracia es una causa segunda, pero Dios, elevándola al estado de gracia, hace a la criatura capaz de realizar una acción que ella con sus solas fuerzas no sería capaz de hacer. Esta acción es la acción sobrenatural, propia también de la vida de gracia. Pues bien, aquí la criatura se convierte en instrumento de la acción divina creadora de la gracia.
Está claro que el único Autor, creador y productor originario de la gracia no puede ser otro que Cristo Dios, dado que solo Dios puede producir en las almas una participación sobrenatural de la naturaleza divina. Sin embargo, Cristo ha escogido entre nosotros criaturas a los sacerdotes, otorgando a ellos una participación de su mismo poder divinizante de producir e infundir la gracia santificante en las almas mediante la administración de los sacramentos, un poder de obrar in persona Christi, o sea, de participar de su mismo poder divino de producir, infundir y conferir la gracia a las almas: es el poder sacramental del sacerdote, ministro de la gracia santificante.
El sacerdote, en cuanto confeccionador y administrador del sacramento, que es signo sagrado que produce y contiene la gracia santificante que él significa, tiene un poder santificante divino superior al de María. Pero ella, en cuanto Madre de la Iglesia y Reina de los Apóstoles, tiene un poder de intercesión superior al de todos los demás fieles en virtud de su plenitud de gracia, un poder impetratorio superior al del sacerdote, porque obtiene para él la gracia del sacerdocio y el poder de ejercerlo. Ella es por lo tanto mediadora, subordinadamente a Cristo, único Mediador divino, y distribuidora de todas las gracias, gracias que ella no produce, sino que obtiene, recibe, transmite y distribuye.
Es interesante en este cuadro considerar la relación entre Dios causa primera y la criatura causa segunda. En el orden de la gracia, efecto exclusivo de la omnipotencia divina, no existen causas segundas, ni siquiera la humanidad de Cristo. Y sin embargo la criatura desempeña en la causalidad de la gracia también un papel instrumental y mediador, en cuanto la criatura en gracia, obrando en gracia, obtiene efectos sobrenaturales participando en la obra redentora de Cristo. El sacerdote, investido del poder divino que le viene del sacerdocio, es causa divina de la gracia con la práctica de los sacramentos. María es mediadora de gracia, obrando en gracia como la Llena de gracia, como dispensadora y distribuidora de la gracia.
P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 11 de diciembre de 2025
__________
Anexo
He aquí mi transcripción de este artículo del padre Cavalcoli sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que ofrezco en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas.
Articulus unicus
Utrum distinguendum sit inter productionem gratiae et eius distributionem,
et utrum Maria dici possit distributrix gratiae
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod non sit faciendum tale distinctio.
1. Quia gratia est effectus exclusivus omnipotentiae divinae, nec potest habere causas secundas neque in productione neque in distributione.
2. Praeterea, attribuere Mariae distributionem gratiae esset confundere eius officium cum sacerdotis, qui virtute sacramenti operatur in persona Christi et confert gratiam sanctificantem.
3. Item, dicere quod Maria distribuat gratiam videtur implicare quod ipsa producat vel conferat gratiam, quod excedit conditionem creaturae et eam Christo aequaret.
Sed contra est quod Ecclesia docet: Christus est solus auctor et productor originarius gratiae, sed voluit ut sacerdotes instrumentaliter participarent in productione sacramentali gratiae sanctificantis, et ut Maria, plena gratia et Regina Apostolorum, participaret in distributione gratiarum per suam maternalem intercessionem.
Respondeo dicendum quod solus auctor et productor originarius gratiae est Christus Deus, quia ipse solus potest creare in animabus participationem supernaturalem divinae naturae. Christus tamen voluit uti causis secundis instrumentalibus: sic sacerdos participat eius virtutem divinam in productione sacramentali gratiae sanctificantis, et Maria participat in distributione gratiarum actualium, non eas producens, sed a Christo obtinens et fidelibus secundum necessitates exhibens. Sic ministerium sacerdotale et ministerium marianum distinguuntur et se complent in oeconomia Redemptionis, ambo subordinatione ad Christum, unicum Mediatorem et Redemptorem.
Ad primum dicendum quod gratia habet unam causam primam, quae est Deus, sed potest habere causas instrumentales: sacerdotem in productione sacramentali et Mariam in distributione per intercessionem.
Ad secundum dicendum quod potestas sacramentalis sacerdotis est superior potestate Mariae quantum ad productionem gratiae, sed Maria habet potestatem impetratoriam superiorem, quia etiam pro sacerdote obtinet gratiam sacerdotii et virtutem exercendi illud.
Ad tertium dicendum quod Maria non producit nec confert gratiam, sed eam obtinet et distribuit; unde ministerium eius non eam Christo aequat, sed constituit eam mediatrix subordinata et universalis dispensatrix gratiarum.
J.A.G.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Me ha parecido útil copiar los comentarios que el padre Giovanni Cavalcoli publica como respuestas a los lectores que le plantean preguntas u objeciones o dudas; y esto no sólo por la utilidad de estos comentarios del docto dominico, que muchas veces en sus respuestas ofrece explicaciones ulteriores a lo que publica en sus artículos, sino también para sugerir a los lectores de habla española que hagan también sus comentarios, ya sea directamente al padre Giovanni, en su blog, o bien aquí mismo, en español, para que yo se los transmita.
ResponderEliminarUn lector (Alessandro) le escribió al padre Cavalcoli en su blog: "Son ciertamente consideraciones interesantes y sutiles para vosotros, los teólogos, y ocasión de profundización. Sin embargo, leí que en una entrevista con S.Em. Card. Fernández dijo que el "siempre inapropiado" para el uso del término co-redentora significa "desde ahora en adelante". ¿Cómo es posible no saber usar un adverbio en un documento procedente de un dicasterio fundamental conocido hasta un pasado reciente por su altísima autoridad?".
ResponderEliminarEl padre Cavalcoli respondió:
EliminarEstimado Alessandro,
ese adverbio "siempre" no se entiende en sentido absoluto, como cuando la Iglesia define un dogma, sino que significa "de ahora en adelante". Esto significa que un próximo Papa podría restablecer el uso de ese término, si hubiera un general esclarecimiento de este título mariano.
Un Anónimo lector replicó:
ResponderEliminar"Disculpe Padre, usted tendrá razón pero observo desde hace años que la comunicación vaticana ya no funciona muy bien. Si es necesario hacerse entender mejor después, explicar después, interpretar después el verdadero sentido de lo que se quería decir, ya no nos salvamos. En definitiva, más allá de las discusiones teológicas entre expertos, habría que partir del simple lenguaje escrito.
Un mensaje tan simple como "un próximo Papa podría restablecer el uso de ese término" yo no lo había entendido, de hecho. Hace falta más claridad, ¿no?"
El padre Cavalcoli respondió:
EliminarEstimado Anónimo,
tengo experiencia de los actos del magisterio de la Iglesia desde hace sesenta años. Podemos decir que nos encontramos en una situación a la cual hay que remediar.
Diversas personas con autoridad opinan que sería bueno que las autoridades romanas retomaran la sobriedad y el estilo oficial del pasado, renunciando a entrevistas, conversaciones privadas, escritos literarios, declaraciones extemporáneas, etc.
En efecto, este estilo, en lugar de favorecer la difusión de las enseñanzas de la Iglesia, da origen a equívocos, explicaciones, desmentidos, interpretaciones, discusiones y controversias interminables, los cuales perjudican la unidad de la fe, la concordia y la serenidad del Pueblo de Dios.
Otro lector (Rhuan Favero), comentó el 2.1.2026:
ResponderEliminarEstimado Fra Giovanni,
La discusión que has planteado en este texto es realmente interesante, pero, en mi opinión, necesita más explicaciones. Varias veces en el documento Mater Populi Fidelis vemos la negación de la causalidad instrumental por parte de María en la distribución de la gracia santificante, pero me parece pertinente subrayar que el tipo de causalidad negada es la causalidad física, correspondiente a la humanidad de Cristo. En ningún momento el documento niega la causalidad moral instrumental; al contrario, parece apoyarla. Me gustaría saber cómo consideras la participación de la Virgen en los diversos tipos de causalidad y, en particular, si estás de acuerdo con mis afirmaciones sobre el documento.
El padre Cavalcoli respondió el 4.1.2026:
EliminarEstimado Rhuan,
la nota del Card. Fernández excluye que la acción de María confiera la gracia, pero no excluye en absoluto que Ella sea a su modo causa instrumental de la gracia, como distribuidora y dispensadora de la gracia ya constituida.
La causalidad instrumental es propia de la criatura, movida por Dios, causa primera, para que la criatura cumpla la voluntad de Dios.
En el caso de la Encarnación tenemos dos causas instrumentales físicas, una superior a la otra. La superior es la humanidad de Cristo, que está unida hipostaticamente a la Persona del Verbo, y, en subordinación a esta humanidad, obra la humanidad de la Virgen, humanidad que subsiste por sí misma, ya que se trata de una simple criatura como nosotros.
Lo que la Nota excluye no es la causalidad instrumental, sino el hecho de que María pueda conferir la gracia, porque aquí se trata solo del poder sacerdotal. En efecto, solo el sacerdote ordenado tiene el poder de administrar los sacramentos, los cuales, como es sabido, son signos sagrados que contienen la gracia y por lo tanto producen lo que significan, o sea, la misma gracia, que se infunde en las almas.
El poder del sacerdote ordenado tiene estas características porque participa del mismo sacerdocio de Cristo, el cual no solo confiere la gracia, sino que la crea.
Por último, la expresión causalidad moral es ciertamente exacta, si con ella nos referimos, como en nuestro caso, a los agentes libres, que son la humanidad de Cristo y la humanidad de María.
Le escribí al p.Cavalcoli, en su página de Facebook, el siguiente comentario: Reverendo Padre Cavalcoli, leyendo su reciente reflexión sobre la producción y la distribución de la gracia, me ha surgido una duda que quisiera presentarle. Usted distingue con claridad el rol propio del sacerdocio ministerial —causa instrumental en la producción sacramental de la gracia— y el rol propio de la Virgen María —causa instrumental en la distribución e intercesión de la gracia. Teniendo en cuenta que María es modelo de la Iglesia y modelo de la mujer, ¿no podría esta distinción iluminar también la doctrina del Magisterio según la cual Cristo instituyó el sacramento del Orden Sagrado para el varón y no para la mujer? ¿Podrían derivarse de esta distinción nuevos argumentos de conveniencia que ayuden a comprender mejor por qué el sacerdocio ministerial pertenece al principio “crístico” y jerárquico, mientras que la misión femenina participa del principio “mariano” y esponsal? Lo pregunto porque hoy algunos teólogos —como Andrea Grillo— cuestionan la llamada “reserva masculina”, y me pregunto si su reflexión no podría aportar luz para responder a esas objeciones desde la estructura misma de la economía de la gracia. Le agradezco de antemano su orientación.
ResponderEliminarEl p.Cavalcoli me respondió: la conexión que usted encuentra por una parte entre la concesión sacerdotal de la gracia y la distribución mariana de la gracia, y por otra la conexión del sacerdocio ordenado con el sexo masculino, corresponde exactamente a lo que es mi pensamiento, que estoy exponiendo en un artículo mío, que pronto publicaré en mi blog.
EliminarAnte esa respuesta, agregué en otro comentario:
ResponderEliminarEstimado Padre,
me alegra mucho saber que mi intuición es correcta. Y esto me anima a transmitirle algunos de mis pensamientos al respecto:
La distinción entre el ministerio sacerdotal (masculino) y el ministerio mariano (femenino) no solo ilumina la doctrina del Orden Sagrado, sino que me parece ofrecer argumentos de conveniencia muy sólidos para defender la enseñanza definitiva del Magisterio (cf. Ordinatio Sacerdotalis, Inter insigniores, Declaración del DDF 2024). Me explico con más detalle y de modo articulado:
1 – Cristo instituyó dos modos de cooperación en la Redención. Según su exposición, P. Cavalcoli: Cristo produce la gracia (causa principal). El sacerdote la confiere sacramentalmente (causa instrumental productiva). María y la Iglesia la distribuyen e interceden (causa instrumental dispositiva e impetratoria). Esto no es un detalle accidental: es la estructura misma de la economía salvífica querida por Dios. Por lo tanto: el sacerdocio ministerial participa del poder divino de Cristo Cabeza. María participa del amor fecundo de Cristo Esposo, como figura de la Iglesia.
2 – María es modelo de la Iglesia y modelo de la mujer precisamente en su modo propio de mediación. María: no produce la gracia. No confiere sacramentos. No actúa in persona Christi Capitis. Pero: intercede. Distribuye. Dispone los corazones. Es Madre, no Cabeza. Es Esposa, no Esposo. Esto no es inferioridad, sino distinción ontológica de funciones dentro del único Cuerpo Místico. Por eso, María es el modelo perfecto de la vocación femenina, no porque carezca de algo, sino porque posee en plenitud lo que corresponde al principio femenino en la economía de la salvación.
3 – El sacerdocio ministerial exige representar sacramentalmente a Cristo Esposo y Cabeza. El Magisterio ha insistido en esto: el sacerdote actúa in persona Christi Capitis. Cristo es hombre, Esposo, Cabeza. La Iglesia es femenina, Esposa, Cuerpo. La sacramentalidad exige signo natural, no arbitrario. Por lo tanto, la masculinidad del sacerdote no es un “privilegio sociológico”, sino un dato teológico esencial.
4 – María, siendo la criatura más perfecta, no recibió el sacerdocio ministerial. Este es un argumento de conveniencia de enorme peso: si Dios hubiera querido conferir el sacerdocio a una mujer, María habría sido la primera y la más digna. Pero Cristo: no la ordenó. No la envió a consagrar. No la instituyó sacerdotisa. Esto muestra que la exclusión de la mujer del Orden no es cultural, sino teológica.
5 – La distinción entre producción y distribución de la gracia ilumina la cuestión. El sacerdote: produce instrumentalmente la gracia sacramental. María: distribuye, intercede, dispone, acompaña. La mujer, en la economía de la salvación, participa del principio mariano, no del principio jerárquico-sacerdotal. Esto no es una limitación, sino una misión distinta.
6 – Aplicación a la polémica contemporánea (Andrea Grillo y otros). Los críticos del Magisterio suelen: reducir el sacerdocio a función comunitaria. Negar la sacramentalidad del signo. Interpretar la masculinidad como construcción cultural. Desconocer la estructura esponsal de la economía salvífica. Minimizar el papel teológico de María. Su reflexión, P. Cavalcoli, ofrece un antídoto claro: el sacerdocio es participación del poder divino de Cristo Cabeza. La misión femenina es participación del amor fecundo de Cristo Esposo. Las dos misiones son complementarias, no intercambiables.
En conclusión: sí, de la distinción entre el sacerdocio ministerial y el ministerio mariano derivan argumentos de conveniencia muy fuertes para defender la doctrina del Orden Sagrado reservado al hombre. Y estos argumentos: refuerzan la enseñanza definitiva del Magisterio, desmontan las objeciones contemporáneas, muestran la armonía profunda entre Cristo, María y la Iglesia.
El p.Cavalcoli me respondió: Estimado Julio, comparto plenamente su síntesis, con particular referencia a la conexión del ministerio de María con la masculinidad del sacerdocio ordenado. Pienso que estas consideraciones serán pronto retomadas por el Magisterio, porque, puestas juntas, arrojan una luz importante sobre lo que es la relación varón‑mujer en la Iglesia, por una parte, y la distinción entre sacerdocio ordenado y sacerdocio común de los fieles, por la otra, con referencia al diaconado femenino instituido, que, como usted sabrá bien, es un tema de gran actualidad en la Iglesia de hoy.
EliminarAnte al respuesta le respondí:
EliminarReverendo Padre Cavalcoli, le agradezco sinceramente su respuesta y la confirmación de la validez de mi síntesis. Me alegra mucho saber que estas reflexiones coinciden con su pensamiento y que podrán quizá ser retomadas por el Magisterio en el futuro. Comparto plenamente lo que usted observa: la relación entre el ministerio mariano y la masculinidad del sacerdocio ordenado arroja una luz nueva y muy fecunda sobre la relación hombre‑mujer en la Iglesia, así como sobre la distinción entre el sacerdocio ministerial y el sacerdocio común de los fieles.
Me parece realmente un punto decisivo también para comprender mejor el tema, hoy muy discutido, del diaconado femenino instituido. La perspectiva que usted indica —es decir, que la misión mariana ilumina la vocación femenina en la Iglesia sin confundirla con el ministerio ordenado— me parece ofrecer criterios teológicos sólidos para afrontar este debate con serenidad y claridad doctrinal. Le agradezco nuevamente por su guía y por la profundidad de su enseñanza. Añado solamente una nota personal: soy la misma persona que está dialogando con usted en su blog a propósito del artículo “Kant y Lutero”.
Con estima y gratitud.