¿Puede un cristiano negar el sacrificio de Cristo sin traicionar el corazón mismo del Evangelio? ¿Es posible una fe sin cruz, sin sangre, sin redención? ¿Qué imagen de Dios se esconde detrás de quienes rechazan la justicia divina y reducen la salvación a un sentimentalismo sin exigencias? ¿No será que el verdadero escándalo de la cruz sigue siendo, hoy como ayer, la piedra de tropiezo para los que no aceptan que el amor se manifieste en la entrega total? En este artículo, el padre Giovanni Cavalcoli responde con claridad y firmeza a las tesis del padre Felice Scalia, desenmascarando los errores del buenismo teológico y reafirmando la verdad dogmática del sacrificio expiatorio de Cristo como fundamento de la redención, de la liturgia y de la esperanza cristiana. [En la imagen: fragmento de "Cristo con la Cruz a cuestas, encuentra a la Verónica", óleo sobre lienzo, 1657, obra de Antonio Arias Fernández, de la colección del Museo Nacional del Prado, Madrid].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
jueves, 2 de abril de 2026
El repudio del sacrificio de Cristo en el padre Felice Scalia
El repudio del sacrificio de Cristo en el padre Felice Scalia
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en su blog el 29 de junio de 2022. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/il-ripudio-del-sacrificio-di-cristo-in.html)
Crucifixus etiam pro nobis
El lector que recientemente me envió las tesis de Alberto Maggi, Carlo Molari y Joseph Ratzinger sobre el sacrificio de Cristo para obtener mi opinión, también me ha enviado algunos pensamientos del padre jesuita Felice Scalia ¹ con el mismo propósito, que reproduzco aquí con mi correspondiente respuesta.
1. Dice Scalia: "Llama la atención que el cristianismo esté también impregnado del fantasma y de la trágica realidad del sacrificio y de la sangre expiatoria de inocentes. Ese cristianismo que, sin embargo, presume referirse enteramente a Jesús de Nazaret, a ese 'Hijo del hombre' e Hijo de Dios que rechazó decididamente la misma idea del sacrificio y abolió su industria en el Templo, afirmando que el Padre quiere 'misericordia y no sacrificios'...".
Respuesta. Como he demostrado ampliamente en mis precedentes artículos, Jesús de ninguna manera ha rechazado sacrificarse por nosotros para satisfacer al Padre ofendido por nuestros pecados, para expiar nuestras culpas, reconciliarnos con el Padre, y obtenernos gracia, misericordia y perdón del Padre, para pagar al Padre con su sangre el precio de nuestro rescate y de nuestra redención, para arrebatarnos de la esclavitud del demonio.
Jesús fustigó en el templo a los mercaderes no tanto por su actividad permitida por la Ley de vender los animales para ser ofrecidos en sacrificado, sino por su codicia, por la cual ellos explotaban una actividad en sí legítima como la de los sacrificios del Templo, con fines de lucro deshonesto.
Cuando Jesús cita las palabras de Oseas, "no quiero sacrificios", se está refiriendo a aquellos sacrificios de animales que fueron ofrecidos en forma prefigurativa respecto de su propio sacrificio, sacrificios que Él habría de abolir y sustituir. Y esto aparece evidente de las mismas palabras que el celebrante pronuncia in persona Christi al momento de la consagración del pan durante la Misa: "Este es mi cuerpo, ofrecido en sacrificio por vosotros".
2. Dice Scalia: "Entre el pueblo es común la idea de que algún mal terrible, las terribles consecuencias de algún accidente de tránsito, sean enviados por Dios para hacer "pagar" pecados cometidos en juventud. Y hoy en la Iglesia católica si se quita de la liturgia (misal, sacramentarios, liturgia de las horas...) la mentalidad sacrificial y la palabra 'sacrificio', es difícil predecir que es lo que permanecerá".
Respuesta. No es en absoluto impropio, sino más bien piadoso y saludable considerar que las desventuras sean enviadas por el Señor para pagar pecados de juventud. De tal modo, purificándonos de los pecados y descontando aquí las penas que de otro modo tendríamos que descontar en el purgatorio, evitamos el purgatorio y vamos directamente al paraíso del cielo.
En cuanto a la eventualidad que de las prácticas litúrgicas y sacramentales se elimine la palabra "sacrificio", es evidente que en tal caso se vería puramente y simplemente eliminada la actividad propia de la virtud de religión, cuyo acto fundamental es la ofrenda del sacrificio cultual y expiatorio, que constituye la base, la forma y la razón de toda la sacramentaria y la liturgia católica.
3. Continúa diciendo Scalia: "Perturba el hecho de que para recordar cada día, casi en modo obsesivo, a sacerdotes y pueblo, que el dolor debe ser recibido como gracia divina, 'en penitencia por los pecados propios y ajenos', ha sido permitido agregar en la misa, en el momento de la consagración, palabras que Jesús nunca ha pronunciado, como 'ofrecido en sacrificio por vosotros'...".
Respuesta. El dolor vivido con Cristo en Cristo y por Cristo en penitencia por los pecados propios y ajenos es fácilmente soportado, porque pierde su esterilidad y deviene principio de redención, de expiación y de salvación. El dolor se transforma de amigo de la corrupción y de la muerte, en fuente de vida, de consuelo, de esperanza y de alegría. ¡Bienaventurados aquellos que en la fe en Cristo saben vivir el dolor de este modo! Desgraciados los que se debaten desesperadamente en el dolor sin saber encontrar un sentido y un camino de salida. Dementes y masoquistas los que se revuelcan en el dolor como si fuera el destino y la norma de la vida.
En cuanto a la palabra "sacrificio" presente en las palabras de la consagración eucarística, es cierto que no deriva de las palabras relatadas por los Evangelios y por san Pablo, pero si la Iglesia la ha puesto, es evidentemente porque la Iglesia, cumpliendo su tarea de ser intérprete de las palabras del Señor, ha considerado que esa palabra esclarece lo que Jesús entendía decir. O es posible que efectivamente la haya dicho, pero que los hagiógrafos no hayan pensado en hacerlo y que en cambio esa palabra haya sido insertada por iniciativa de algún Apóstol presente en la Última Cena, en el momento de preparar el canon de la Misa.
O bien, dado que es de suponer que Jesús, durante los cuarenta días de su permanencia entre nosotros después de la resurrección, haya celebrado Misa varias veces, como probablemente ha hecho con los discípulos de Emaús, es posible que haya usado esa palabra en aquellas circunstancias. En todo caso, sería impío creer, como hace Scalia, que la Iglesia haya actuado arbitrariamente en una circunstancia delicadísima como la de la Cena del Señor, que pone en juego todo el sentido de la vida terrena de Cristo.3
4. Dice seguidamente Scalia: "Toda voz disonante, toda toma de distancia de aquellas concepciones que corrían el riesgo de reducir la celebración de la 'Fracción del pan', a rito sagrado para vaciar el purgatorio, cada alarma lanzada para desconfiar de esa mentalidad que hacía de Dios un personaje cruel e increíble, ciertamente sideralmente lejano del Padre del cual ha hablado Jesús, cosas como estas han sido como mínimo tildadas como sospechosas, peligrosas, si no incluso francamente heréticas".
Respuesta. No hay duda de que la Misa es normalmente ofrecida por la liberación de las almas del purgatorio. El Dios que exige ser compensado y al cual se debe dar satisfacción y se deben ofrecer sacrificios y es necesario propiciar por la ofensa del pecado a fin de ser perdonados y poder reparar adecuadamente, no es para nada un Dios cruel, sino un Dios justo y amantísimo, aunque justamente nos haya castigado con la muerte, porque precisamente uniéndonos a la pasión y muerte de su Hijo nosotros obtenemos el don inmenso de la filiación divina, que nos hace más allá de todo mérito partícipes de la vida de la Santísima Trinidad y herederos de la vida eterna en la tierra de los resucitados. Y este es exactamente el Dios Padre, del cual Jesús nos ha hablado. Es claro entonces que negar estas verdades salvadoras es herejía.
5. Dice Scalia: "Cómo a partir del 'gozo del evangelio' hayamos llegado a concebir la vida en la tierra como tiempo de expiación y de sacrificios; cómo si casi hemos llegado a dar a Dios el rostro terrible de la diosa Kali (diosa sobre los dioses, manifestación del rostro auténtico del cosmos), o el rostro terrible de las divinidades mesopotámicas, es objeto de serias investigaciones también en la historia de religiones ¿Debemos partir del equívoco sobre el sacrificio de Isaac pedido por un indistinto 'Eloim' a Abraham? No es fácil saber si la aquiescencia popular a la explicación común del intento de sacrificio de Isaac, se deba a la convicción obvia, arcaica, de que la vida exige la muerte del otro, aunque sea inocente, o bien a la creencia de que Dios es dueño de toda vida, que él está por encima de toda moral, que para poner a prueba a Abraham y 'ver' hasta qué punto le era fiel, podía tranquilamente tomar en cuenta el terror mortal de un niño, la agonía de una madre, la fiabilidad de un padre, la muerte de un inocente tratado como un animal para holocausto".
Respuesta. La alegría del Evangelio proviene exactamente de la alegría de dar y sacrificar nuestra vida por Dios y por el prójimo siguiendo el ejemplo de Cristo y de los Santos. Los sacrificios humanos, que eran típicos de los pueblos circunvecinos a Israel, vienen decididamente condenados desde el Antiguo Testamento. La exégesis moderna nos dice que Abraham se había formado la idea de que Dios quisiera verdaderamente el sacrificio del hijo precisamente porque estaba sugestionado por las ideas malsanas de aquellos pueblos crueles. A todos les pasa creer que sea voluntad de Dios lo que no lo es. Abraham estaba en buena fe y solo en el último momento Dios le abre los ojos haciéndole entender que estaba cometiendo un homicidio.
Es verdad que el sacrificio religioso conlleva la renuncia a algo precioso para ofrecérselo a Dios, y es verdad que un hijo es lo máximamente precioso que un padre puede tener. Pero la Carta a los Hebreos deja claras dos cosas: que sólo el sacrificio de Cristo puede ser eficaz y que el verdadero sacrificio debe ser el sacrificio de sí y por lo tanto debe ser un acto voluntario de obediencia a Dios. Sin embargo, Dios recompensa a Abraham porque estaba en buena fe. La fe no implica necesariamente una certeza objetiva. Dios es tan bueno que nos recompensa aun cuando cometemos errores sin darnos cuenta.
6. Scalia: "Pero existe una tercera hipótesis posible para explicar y, de algún modo, justificar la práctica sacrificial en el cristianismo. Ella se debe primero a san Pablo, y luego, hacia el 1050, a Anselmo de Aosta con su célebre diálogo 'Cur Deus homo'. Pablo es un judío-fariseo, y ante la muerte de Jesús en la cruz no sabe de verdad qué pensar. ¿Puede el Mesías esperado durante siglos, prometido por el Padre, morir como 'maldito'? ¿Como hombre fracasado, repudiado por el mismo Dios en cuyo nombre hablaba y cuyo rostro decía haber revelado? Pedro, que reprocha a Jesús su hablar de arrestos, castigos inauditos, flagelaciones y crucifixiones, algunos años antes, había sido presa de este mismo desconcierto: cosas como estas que dices, Maestro, no se piensan y mucho menos se dicen, porque son absurdas".
Respuesta. Scalia distorsiona el pensamiento de san Pablo. Para Pablo Cristo aparece maldito y rechazado por Dios a los ojos de los incrédulos, mientras que en realidad Cristo es glorificado por el Padre que lo coloca en el vértice y en el fundamento de toda la creación y el recapitulador de todas las cosas, precisamente gracias a la cruz que ha padecido. En cuanto a Pedro, es claro que no había captado cómo Cristo debía alcanzar su gloria a través de la cruz.
7. Scalia: "Entre los años 45 y 55 Pablo afronta el 'escándalo de la cruz' en una teología especulativa muy alejada de las narraciones evangélicas que transmiten palabras y gestos de un modesto carpintero galileo, portador de un proyecto de vida humana bajo la mirada benévola de un Padre que quiere la felicidad de los hombres. Además, Pablo no ha conocido en absoluto al 'Jesús según la carne', es decir, en carne y hueso. Ha conocido al Hijo de Dios, Mesías y Señor nuestro que es Cristo, el Resucitado que 'está sentado a la diestra del Padre' en el cielo. Sin duda, también para Pablo el Resucitado es el que antes ha sido crucificado; sólo que mientras para los evangelios la muerte de Jesús fue un asesinato querido por la autoridad religiosa y política, por los hombres en todo caso, para Pablo fue un sacrificio querido por el Padre".
Respuesta. Los Evangelios nos narran con claridad, como vemos en el episodio de Getsemaní y en varias declaraciones de Cristo, que su sacrificio ha sido querido por el Padre, si bien es cierto que Jesús fue asesinado por odio de sus enemigos. A tal respecto se puede decir que un significado de la muerte de Jesús ha sido el de ser la muerte del mártir que no se rinde ante la perspectiva de la muerte, para permanecer fiel a su testimonio en favor de Dios. Pero el reducir la muerte de Cristo a esto, como lo hace Schillebeeckx, quiere decir privar de su significado peculiar a la muerte de Cristo y reducirlo a la de un puro hombre piadoso cualquiera, y pasar por alto el valor universalmente salvífico de la muerte de Cristo como sacrificio expiatorio de reconciliación con Dios para la remisión de los pecados.
Además, hay que recordar que Jesús no ha sido simplemente asesinado como un malhechor cualquiera, sino que ha sido castigado con la muerte por las autoridades bajo la acusación de haberse hecho dios, pretensión impía que la ley mosaica castigaba con la muerte. Hoy los panteístas que se divinizan a sí mismos son cosa frecuente y tolerada o incluso admirada, como si se tratara de genios especulativos, pero en los tiempos de Jesús se tenían las ideas correctas y no se bromeaba. La tragedia ha sido que Jesús era verdaderamente Dios y no ha sido reconocido como tal, mientras que hoy los fanfarrones panteístas pululan y son honorificados.5
8. Scalia: "Jesús de Nazaret -afirma Pablo- es el Salvador, aquel que libera al hombre del pecado, y para ello no hay otro camino que el sacrificio de sí, porque los pecados se expian con la sangre. Cristo, por tanto, debe soportar la ira de Dios desatada sobre todos los pecadores, hacer recaer sobre sí el juicio justo y tremendo de Dios. Precisamente con la muerte de Jesús, Dios ha condenado 'al pecado en la carne' y Jesús de Nazaret deviene 'maldición' y 'pecado' por nosotros. En compensación, 'con su sangre', con su muerte, Dios se ha 'adquirido la iglesia'. Dios 'con la sangre de Cristo ha vuelto a pacificar a los seres de la tierra y a los del cielo'.
La Carta a los Hebreos es aterradora: 'sin efusión de sangre no se hace remisión'. No menos aterrador es este Dios que ha tenido necesidad de tanta sangre y de tanta abyección para hacer justo al hombre y perdonarle sus pecados. La película 'The Passion of the Christ' de Mel Gibson del 2004 no sé si se haya alejado o acercado a este tipo de Dios sanguinario por misericordia".
Respuesta. San Pablo y la Carta a los Hebreos retoman la enseñanza de Isaías cap. 53: el Siervo de Dios "ha cargado con nuestros sufrimientos, ha llevado consigo nuestros dolores. Él ha sido traspasado por nuestros delitos, molido por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la salvación se ha abatido sobre él. Por sus llagas hemos sido sanados". Esto quiere decir Pablo cuando dice que la reconciliación viene de la sangre de Cristo y la Carta a los Hebreos cuando dice que sin efusión de sangre no hay remisión.
Presentar al Padre como un asesino sediento de la sangre del Hijo y del pecador es una horribl blasfemia. Dios no ha querido la muerte. Ella es el castigo del pecado. Dios en el Hijo asume esa muerte que ha venido al mundo independientemente de Él y contra su voluntad, se la carga sobre sus espaldas aunque no la merezca y de ella, al precio de su sangre, nos obtiene el perdón, la reconciliación y la paz. Dios no quiere nuestra sangre, sino que nos da su sangre a fin de que al ofrecer nuestra sangre en Él a su vez, podamos tener la vida.
9. Scalia: "No nos sorprende tanto que los fieles cristianos hayan aceptado con facilidad las perspectivas esbozadas más arriba como dogma de fe de nuestra salvación. Sobre todo porque el sacrificio de Jesús en la cruz viene transformado en un sublime ejemplo de amor hacia nosotros, llamados a amarnos y a servirnos los unos a los otros, en el amor, hasta el extremo, 'como él nos ha amado'. La verdad es que tenemos a nuestras espaldas dos milenios de predicación basada en la teología paulina, y desde hace casi un milenio la 'versión' que de tal modo de ver las cosas ha hecho Anselmo de Aosta, agudo, riguroso, lógico, brillante filósofo-teólogo medieval. La teoría 'satisfactoria' o de la 'satisfactio vicaria' es suya".
Respuesta. Scalia demuestra no entender absolutamente nada de la sublimidad y de la especificidad sobrenatural del amor cristiano, de Aquel que, como enseña Cristo, da la vida por sus amigos siguiendo el ejemplo de Cristo mismo, es decir, del sacrificio de la cruz. La teoría de la satisfactio vicaria, elaborada por Anselmo siguiendo el impulso recibido de san Pablo, ha sido dogmatizada por el Concilio de Trento y es verdad de fe indispensable para nuestra salvación.
10. Scalia: "Simplificada al máximo, esta teoría consiste en la lógica consecuencia de algunos supuestos. Dios es justo -dice el Doctor de la Iglesia- y para Él el bien y el mal, la obediencia y la infidelidad a su ley no son lo mismo. Ciertamente Dios está dispuesto a perdonar los pecados del hombre, pero para hacerlo tiene necesidad también que su justicia sea satisfecha. Esto quiere decir que el pecador debe 'pagar' su culpa, precisamente 'pagando' la pena".
Respuesta. Ciertamente, Dios perdona a condición de recibir satisfacción; remite la deuda de la culpa porque la deuda es pagada; se reconcilia con el hombre a condición de ser propiciado por un sacrificio expiatorio. Sin embargo, todo esto el Padre lo exige del Hijo y no del hombre, porque sólo el Hijo puede cumplir estos actos de justicia. Del hombre el Padre sólo pide el arrepentimiento y la confesión de su pecado con la imploración del perdón. Y Dios mismo, con la gracia preveniente, mueve en tal sentido el corazón del hombre y lo justifica. Al hombre le hace misericordia y perdona gratuitamente. Del Hijo exige justicia y satisfacción. Pero he aquí que, por su misericordia nos hace, en el Hijo, capaces de expiar y satisfacer pagando la deuda con la sangre del Hijo y mereciendo la salvación.
11. Scalia: "Aquí se añade el segundo supuesto: la culpa del hombre es inexpiable por el hombre, dado que la gravedad de la culpa no se mide por el que ofende sino por la dignidad del ofendido. Al pecar, el hombre ofende a un Dios infinito, mientras que al querer reparar el pecado cometido, sabe que cualquier cosa que haga o que de a Dios, es desconsoladamente 'finita'. La consecuencia es que Dios no tiene elección: si quiere salvar al hombre y perdonar el pecado, la expiación debe venir de 'uno' en comunión con el hombre-finito y también en connaturalidad con el Dios-infinito, es decir, debe venir de un hombre -Dios capaz de ofrecer a la justicia divina una realidad finita pero de valor infinito".
Respuesta. Las cosas son efectivamente así. Lo dice el Salmo: "Nadie puede redimirse a sí mismo y dar a Dios su precio. Por mucho que se pague el rescate por una vida, nunca será suficiente para vivir sin fin y no ver el sepulcro" (Sal 49,8-10). Con el pecado, el hombre se ha causado a sí mismo un daño que no es capaz de reparar, ha contraído una deuda con Dios que no puede pagar, ha perdido un bien infinito, Dios, que no puede readquirir. Por eso el Padre encarga al Hijo ayudar al hombre. El Hijo se encarna a fin de que la obra de expiación pueda ser cumplida por un hombre, que puede sufrir, pero este hombre debe ser también Dios, para poder tener esta potencia reparadora, redentora, satisfactoria, proporcionada a la infinita dignidad de la persona ofendida.
12. Scalia: "Desafortunadamente no se trata de juego de palabras. Y si por un lado sale un Dios que se preocupa inmensamente por el hombre, por el otro, este Dios está tan alejado de los relatos evangélicos que no se puede evitar quedar perplejos. Un Dios que quiere el sufrimiento, que lo hace salvífico, no tiene mucho en común con un Padre que se horroriza ante el sufrimiento de sus hijos y que, para vencerlo, 'trabaja siempre', también en sábado, y obra milagros para quitar el dolor del mundo, para anunciar que quiere una humanidad unida en la alegría y en la recíproca ayuda, precisamente para salir del sufrimiento. Esto ha enseñado Jesús. Esto ha hecho durante toda su vida".
Respuesta. Según la fe cristiana, Dios hace salvífico el sufrimiento no en el sentido de que lo considere salvífico como tal, lo que sería absurdo: en efecto, de por sí el sufrimiento en un mal, es consecuencia del pecado, es perdición, es corrupción, es destrucción, es lo contrario de la salvación. Es bueno que exista el mal, porque Dios recaba el bien del mal, la alegría del sufrimiento, pero es imposible que el mal sea bueno. El sufrimiento es un mal y sigue siendo un mal. Excepto que Dios lo utiliza para obtener un bien y para eliminar el sufrimiento mismo, a no ser que sea el castigo de los condenados.
Dios no aborrece el sufrimiento, sino el pecado. Dios castiga el pecado con el sufrimiento precisamente para enseñar al hombre a no pecar, haciéndole presentes las funestas consecuencias del pecado. Dios odia absolutamente el pecado, odia el sufrimiento de quienes son injustamente castigados. En cambio, quiere ese sufrimiento que es el castigo del pecado.
Es cierto que existen quienes pecan y en el momento no les pasa nada, pero Dios les espera para el rendimiento de cuentas como lo hace con el rico epulón y, si el pecador no se convierte, no podrá escapar del castigo eterno. Es cierto que Dios permite el sufrimiento de los inocentes como el del pobre Lázaro o el de Job; ¿pero esto porque? Porque ha decidido salvar a la humanidad a través del sacrificio de su Hijo inocente. Y, como se sabe, la víctima del sacrificio, para ser agradable a Dios, debe ser pura, santa y sin mancha. Por eso Dios envía especiales sufrimientos a sus santos predilectos, capaces de soportarlos por la excepcionalidad de su amor, uniéndose al sacrificio de Cristo, para darles un modo de crecer en la virtud y resplandecer con mayor gloria en el Paraíso.
Amar el sufrimiento como tal es necedad y pecado contra la divina providencia y grave malentendimiento de la valorización cristiana del sufrimiento, que se llama dolorismo, por el cual se llega al intolerable exceso de creer que Dios mismo sufre; es esa distorsión psicológica que se llama masoquismo. Para el cristiano, el sufrimiento es en sí mismo antinatural y odioso, y si lo ama y lo considera, como Job, enviado por Dios, es porque sabe que Dios le da en Cristo modo y ocasión de utilizarlo para expiar sus pecados, para purificarse y para obtener salvación y perdón.
El cristiano ama el sufrimiento porque Cristo, aunque con natural repugnancia, lo ha amado por amor a nosotros y para obedecer al plan salvífico del Padre. Está claro además que la salvación cristiana es liberación del sufrimiento según el impulso más propio de nuestra naturaleza hecha para la alegría y la felicidad. Pero el cristiano sabe que es precisamente asumiendo el sufrimiento con los mismos sentimientos e intenciones de Cristo que se libera del sufrimiento.
Al mismo tiempo, sigue siendo obvio que el cristiano, como cualquier hombre razonable, tiene el preciso deber de trabajar por el alivio del sufrimiento en sí mismo y en el prójimo, utilizando todos los recursos del arte médico y promoviendo su progreso continuo, sufriendo con aquellos que sufren y compadeciendo misericordiosamente toda forma de debilidad, fragilidad e insuficiencia involuntaria.
Pero he aquí que cuando el arte humano debe confesar su impotencia, la sabiduría evangélica dispone de sus propios recursos para hacer fecundo, sensato y sereno también ese momento, acogiéndolo de las manos de Dios y uniéndose con amor y paciencia a la cruz salvífica de Cristo. El Evangelio sabe dar una respuesta consoladora al misterio del sufrimiento, de modo tal que ninguna otra sabiduría humana sabe dar, la cual queda muda o cree encontrarse ante el absurdo; ella es llevada a un rechazo estéril y desesperado o, por el contrario, a hacer del sufrimiento un absoluto que pone incluso en Dios. La sabiduría humana es incapaz de ver, como ve el Evangelio en cambio, en el sufrimiento, un signo del amor de un Dios justo y misericordioso, que precisamente por medio del sufrimiento en Cristo nos consuela y nos salva.
El sufrimiento, por tanto, no es un mal absoluto como lo es el pecado, del cual sea lícito liberarse por cualquier medio, como por ejemplo el suicidio o aliviarlo con placeres ilícitos. Sino que es un mal que en Cristo puede ser transformado en bien y que, por tanto, cuando el sufrimiento viene sin que haya remedio, puede siempre ser utilizado en Cristo para nuestra salvación.
Dios hace, pues, salvífico el sufrimiento en el sentido de que del sufrimiento, por medio de Cristo, obtiene la salvación, es decir, gracias a su omnipotencia misericordiosa, obtiene un beneficio de lo que de por sí es daño y desgracia. Dios transforma lo negativo en positivo. Hace que lo negativo sea principio de lo positivo. Lo negativo, que de por sí no produce nada, asumido por Cristo, se convierte en fuente de positividad. La muerte se convierte en el camino a la vida. La tristeza se convierte en alegría. Lo incomprensible deviene comprensible. Lo repulsivo deviene aceptable.
Dios recaba la vida de la muerte, la cual, sin esta intervención divina, sigue siendo sólo muerte. El castigo, como dice Isaías cap. 53, en las manos de Dios deviene salvación. De lo contrario sigue siendo sólo castigo. Quien no acepta la cruz salvífica de Cristo, sigue siendo objeto del castigo que es merecido por el pecado. El infierno no es más que la condición de aquellos que no han querido ver en la Cruz el signo de la misericordia y de la victoria sobre el pecado y sobre la muerte.
En cambio, quien se une a la cruz de Cristo es liberado de la culpa y y de la pena o castigo. Sufriendo con Cristo se vence el sufrimiento. Este acto de recabar la alegría del sufrimiento sin que él pierda su ser sufrimiento, es evidentemente un acto que sólo Dios puede realizar en su bondad creadora, un acto en el cual hace partícipes a los creyentes en Cristo, acto que sólo Él puede cumplir porque implica el recabar el ser del no-ser, precisamente de la privación o la falta de ser, que es precisamente el dolor y el sufrimiento.
13. Dice Scalia: "La Carta de Santiago -no por casualidad a menudo divergente respecto a Pablo- rompe toda vacilación: 'Esta es la religión pura y sin mancha a los ojos de Dios Padre: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, mantenerse a sí mismos inmunes al contagio del mundo'. Lo que quiere decir: el culto divino grato a Dios, lo que verdaderamente os salva como humanos e hijos del Padre-Misericordia, es que os hagáis como Él, usando misericordia entre vosotros, viviendo de la misma bondad generosa de su Hijo. Y si haciendo esto fueres excomulgado por los adoradores de una religión cultual que busca aplacar la ira de Dios o de obtener sus favores ofreciendo en sacrificio sufrimiento y muerte, si esto sucede, benditos seáis porque así, antes de vosotros, han tratado a Jesús de Nazaret, asesinado en la cruz " 'fuera de los muros'...".
Respuesta. Santiago se refiere a esa religiosidad sincera que acompaña el culto divino en el ejercicio de la caridad fraterna, mostrando cómo ella es precisamente el efecto de una sincera ofrenda a Dios del Santo Sacrificio de la Misa. Por otra parte, Santiago nos recuerda claramente que la justificación no depende sólo de la fe, sino que también son necesarias las obras y entre estas obras pone el sacrificio de Abraham (Sgo 2,21-23).
14. Dice Scalia: "Las cosas no devienen más plausibles si se afirma que el débito del hombre pecador era con el diablo. Alejándose de Dios, la humanidad en su conjunto ha devenido en posesión del diablo del cual es esclava para siempre. Si alguien quiere arrebatar al hombre de este indebido tirano, necesita pagar el debido rescate. En la práctica, necesitamos siempre la sangre del hombre-Dios".
Respuesta. La interpretación, hecha por algunos en el pasado, de la acción de Satanás, parangonada a un secuestro de persona, por el cual el raptor liberaría al prisionero luego del pago de un rescate que consistiría en la sangre de Cristo, es completamente engañosa. El diablo ciertamente se puede considerar un raptor, que ha sustraído el hombre a Dios su legítimo propietario, mientras que Cristo con su sacrificio arrebata al hombre del poder del diablo. Pero el rescate (lytron o apolytrosis), del cual habla san Pablo o Jesús (Mt 20,28), relacionado con el acto de la redención o recompra (re-d-emptio) hecha por Cristo, se refiere a la deuda pagada al Padre por Cristo o a su sangre, con la cual nos ha comprado (1 Cor 6,20).
Con este precio Jesús ha resarcido al Padre, y por lo tanto el dinero lo ha entregado al Padre y no en absoluto al demonio, al cual no se le debe ningún pago, por lo cual la redención no debe compararse en absoluto con la liberación de un secuestrado con pago de un rescate al secuestrador, sino a una liberación de un prisionero de manos de un secuestrador, que no puede exigir ningún rescate.
15. Dice Scalia: "Tenemos absoluta necesidad de una nueva soteriología, de una teología menos mítica y más concreta sobre el concepto de salvación (y, precedentemente, sobre el 'pecado') para que el hombre salga de la mentalidad de haber nacido para sufrir, expiar y salvarse en el paraíso, olvidando que el Reino de Dios anunciado por Jesús es reino de amor, justicia y paz, desde ahora y para siempre. El creyente debe salir de una mística de dolor para entrar en la de la alegría. El 'devoto' de nuestras novenas debe poder percibir que junto a la 'reparación' por los escupitajos, los flagelos del Cristo histórico, hoy tenemos la tarea de acompañar al Cristo sufriente en las barcas cargadas con la desesperación de los inmigrantes, en los 'solicitantes de asilo' hacinados en campamentos improvisados o frente a muros infranqueables y alambres de púas, en los innumerables jóvenes que se han convertido en 'descarte' sin futuro alguno, despojados de todo derecho".
Respuesta. Nadie pone en discusión que el Reino de Dios anunciado por Jesús es reino de amor, justicia y paz, desde ahora y para siempre. ¿Pero, cómo se lo conquista? Con la "violencia" (Mt 11,12), es decir, con el esfuerzo ascético, entrando por la puerta angosta, renunciando a la propia vida, dejándolo todo, haciéndose eunucos, abrazando la cruz cotidiana, mortificando al hombre viejo, extinguiendo las obras de la carne, ofreciendo también la otra mejilla a la bofeteada.
No hay duda de que junto a esto el Evangelio ordena y permite toda una serie de obras serenas, de virtudes humanas y sobrenaturales, agradables, fáciles, que dan satisfacción, alegres, constructivas, creativas, recreativas, del propio gusto, gratificantes, lúdicas, entusiasmantes, divertidas.
Y no hay duda de que la práctica soteriológica que nos es propuesta por el Concilio Vaticano II cierra definitivamente con un precedente estilo ascético aparecido en el siglo XVII con el jansenismo en reacción al laxismo protestante y que perdura hasta los umbrales del Concilio, un estilo que estaba influido por el dualismo cartesiano alma-cuerpo, que enfatizaba excesivamente el aspecto penitencial, sacrificial, expiatorio y satisfactorio, una espiritualidad voluntarista, represiva, culpabilizante, fiscal y pedante, que no se percataba de que si es cierto que per crucem ad lucem, es igualmente cierto que los frutos de la cruz son precisamente las primicias y la caparra del Espíritu, y el gradual aparecer del hombre nuevo desde ahora en adelante, en lugar del hombre viejo sepultado en el bautismo.
Ninguna pregustación o anticipo de la futura resurrección parecía posible, sino que toda la virtud y la alegría parecían tener que ser restringidas en los angostos límites de una naturaleza caída siempre necesitada de las necesarias renuncias en defensa de la continua inminente tentación al pecado con la correspondiente amenaza del infierno.
El llamado a la solidaridad, a la compasión, a la acogida de Cristo sufriente en los pobres y marginados sigue siendo el tono más alto de la moderna cercanía a Jesús Crucificado. Pero si todo esto debe ser vivido en el desprecio del valor expiatorio, redentor, satisfactorio y reparador del sacrificio de Cristo y por tanto de su santísima Cruz, fruto, como dice Santa Catalina de Siena, de una "ardentísima caridad", no sólo no ayudaría para nada, sino que sería señal de haber caído en la trampa del demonio, el cual nada odia más que el sacrificio de la cruz.
Después de todo, en el amor a Cristo crucificado se resume aquella caridad de la cual habla san Pablo, sin la cual podría hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no sería más que bronce que resuena o un címbalo que retiñe, esa caridad sin la cual , aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia y poseyera la plenitud de la fe como para transportar las montañas, nada sería; esa caridad sin la cual, aunque repartiera todos mis bienes y entregara mi cuerpo para ser quemado, nada me ayudaría (cf. 1 Cor 13,1-3).
16. Scalia: "El cristianismo nacido en Galilea como salida de un Dios amenazador, cruel, amigo de los poderosos, enojado con los humildes desde siempre desposeídos y desesperados, ese mismo cristianismo se convierte en apoyo de los poderosos que a su vez se muestran signo y plenipotenciario de el Dios todopoderoso ('pantocrátor', como dice el símbolo Niceno, que atribuye así un título puramente pagano a Dios), legislador sabio y juez inflexible de todos los errantes, sensible al orden impuesto, impasible ante el dolor y las desgracias humanas".
Respuesta. Aquí se reafirma la confusión característica de la teología buenista, según la cual el Dios juez que castiga el pecado y ofrece en la desgracia la oportunidad para hacer penitencia y expiar nuestras culpas en unión con el sacrificio de Cristo, sería "un Dios amenazador, cruel, amigo de los poderosos, enojado con los humildes desde siempre desposeídos y desesperados", un "legislador sabio y juez inflexible de todos los errantes, sensible al orden impuesto, impasible ante el dolor y las desgracias humanas".
Aquí la irritación emotiva que suscita en el ánimo de Scalia la imagen de Cristo crucificado lo hace salirse en expresiones injuriosas hacia el Dios cristiano, y hace que nos preguntemos en base a qué concepto de Dios Scalia se permite este discurso desatinado, donde aparece claramente que pierde la lucidez racional. Es decir, nos preguntamos qué concepción de Dios opone Scalia a la concepción cristiana que he expuesto. Y la respuesta no parece difícil: el Dios de Scalia sería un Dios que nos contenta en todo, nos da éxito y placeres y no nos hace faltar nada de cuanto el mundo puede asegurar.
17. Dice Scalia: "Si no recuperamos la centralidad de un Dios que 'quiere amor y no sacrificios', que se preocupa por nuestra alegría, la dignidad de toda vida, la libertad de sus hijos, si no llegamos a comprender que hemos sido creados para la felicidad y la relación benévola desde ahora, y que vivir y dejar vivir es el sueño de Dios y nuestra única perspectiva de futuro, toda reforma de la iglesia será imposible, todo nuevo orden mundial servirá para fortalecer a los poderosos, y la palabra esperanza sólo servirá para dilatar los tiempos de la más amarga de las decepciones: ningún dios nos salva porque nuestro destino de pobre gente a merced de la más cínica violencia es sólo la muerte en la nada".
Respuesta. Un Dios que no pide sacrificios y sólo promete felicidad y bienestar no es el verdadero Dios. Es ese dios que, según la obra de Goethe, se presenta al doctor Fausto proponiéndole un pacto: yo en esta vida te aseguro placeres, bienestar, fortuna y honores. Pero tú, cuando mueras, vendrás conmigo. Este dios dulce, tierno, bueno y benévolo es, sin embargo, ese dios cruel que en el más allá golpeará hasta la sangre a sus fieles por la eternidad. Es el demonio.
P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 23 de junio de 2022
Notas
¹ Nota del traductor: las tesis de Scalia están publicadas en un artículo del 14 de marzo de 2017, aquí: https://www.chiesadituttichiesadeipoveri.it/contro-la-societa-e-la-legittimazione-teologica-del-sacrificio/ (J.G.)
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum crux Christi sit proprie sacrificium sacerdotale expiatorium et satisfactorius,
vel solum testimonium gratuiti amoris
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod crux Christi non sit sacrificium sacerdotale expiatorium et satisfactorius, sed solum testimonium gratuiti amoris.
1. Quia sermo de satisfactione et reparatione difficulter accipitur a homine moderno et videtur esse inconciliabilis cum misericordia divina.
2. Praeterea, dicitur quod Deus potuit aliter salvare, sine necessitate expiationis vel sacrificii, et ideo crux non est necessaria, sed contingens.
3. Item, affirmatur metaphoras biblicas de debito, redemptione et satisfactione esse anthropomorphicas et relinquendas, quia Deus non indiget compensatione nec placatione.
Sed contra est quod Apostolus docet Christum obtulisse seipsum hostiam expiatoriam in sanguine suo. Isaias annuntiat Servum Domini qui se obtulit in expiationem pro peccatis populi. Ad Hebraeos dicitur Christum semel oblatum esse ad sanctificandos nos per corpus suum. Concilium Tridentinum definit Christum pro nobis satisfecisse, debitum peccati solvendo et nos cum Patre reconciliando. Thomas docet passionem Christi operari per modum meriti, satisfactionis, redemptionis et sacrificii, et per eam nos reconciliari Deo.
Respondeo dicendum quod crux Christi est proprie sacrificium sacerdotale Novae Alleanzae, in quo Christus, Patri obediens, vitam suam obtulit in expiationem peccatorum nostrorum. Amor gratuitus Dei est fons salutis, sed hic amor impletur in opere sacerdotali Filii, qui se tradidit hostiam in altari crucis.
Scriptura proponit opus salutare Christi sub variis schematibus: sacrificium expiatorium, solutio debiti, reparatio offensae et liberatio ab hoste. Haec omnia vera sunt et dogmatica, sed intelligenda sunt ut metaphorae quae analogice exprimunt mysterium redemptionis. Non significant quod Deus aliquid amiserit aut compensatione indigeat sicut creditor humanus, sed ostendunt quomodo Christus hominem a peccato liberavit, cum Deo reconciliavit et ad vitam aeternam perduxit.
Sacrificium Christi recte intelligendum est: nihil in Deo mutavit, nec eum resarcivit nec aliquid ei addidit quod deesset, sed hominem transformavit, ad gratiam et vitam aeternam elevando. Tituli redemptoris, satisfactoris et expiatoris veri sunt, necessarii et dogmatici, quia in Verbo Dei fundantur, sed sunt secundarii et metaphorici. Quod Christus proprie fecit est Sacerdos esse, Mediator perfectus inter Deum et hominem, corpus et sanguinem suum in sacrificium et in cibum vitae aeternae offerens.
Ita impletur quod traditio docet: passio Christi, secundum quod refertur ad divinitatem eius, operatur per modum efficientiae; secundum quod refertur ad voluntatem humanam, operatur per modum meriti; secundum quod consideratur in carne eius, operatur per modum satisfactionis; per modum redemptionis liberat nos a servitute peccati; per modum sacrificii reconciliat nos Deo.
Ad primum ergo dicendum quod sermo de satisfactione et reparatione, licet difficilis homini moderno, est verus et dogmaticus, quia exprimit iustitiam et misericordiam Dei in opere Christi.
Ad secundum dicendum quod Deus, in sua libertate, potuit aliter salvare, sed de facto voluit nos salvare per crucem, et hic consilium est necessarium ad salutem nostram.
Ad tertium dicendum quod metaphorae biblicae non sunt relinquendae, sed recte interpretandae: non significant quod Deus compensatione indigeat, sed ostendunt quomodo Christus hominem cum Deo reconciliavit et poenam in vitam convertit.
JG
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los comentarios que carezcan del debido respeto hacia la Iglesia y las personas, no serán publicados.