¿El Concilio Vaticano II confundió los roles de la Tradición, la Escritura y el Magisterio, como sostienen algunos teólogos, o más bien subrayó su íntima unión en fidelidad a la Palabra de Dios? ¿Puede un Concilio ecuménico asistido por el Espíritu Santo enseñar doctrinas falibles, como se ha insinuado, o debemos reconocer en ellas la infalibilidad propia de las verdades de fe? ¿No sería contradictorio pensar que Cristo engañó a su Iglesia al prometerle la asistencia del Espíritu Santo hasta la plenitud de la verdad? En este artículo, el padre Giovanni Cavalcoli responde a las críticas de monseñor Brunero Gherardini y defiende la continuidad del Vaticano II con la Tradición, mostrando que la verdadera hermenéutica conciliar consiste en ver en sus enseñanzas un desarrollo fiel y definitivo de la Revelación. [En la imagen: fragmento de una fotografía que muestra el atrio de la Basílica de San Pedro el día de la apertura de la segunda sesión del Concilio Vaticano II, el 29 de septiembre de 1963].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
domingo, 8 de febrero de 2026
Algo más sobre la interpretación del Concilio
Algo más sobre la interpretación del Concilio
(Artículo publicado en el blog Riscossa Cristiana el 26 de marzo de 2011: https://www.ricognizioni.it/ancora-sullinterpretazione-del-concilio-di-pgiovanni-cavalcoliop/)
He leído las doctas e interesantes consideraciones de monseñor Brunero Gherardini ¹, bien conocido exponente de la "Escuela Romana", acerca del modo con el cual el Concilio Vaticano II relaciona entre sí la Tradición, la Escritura y el Magisterio.
Él recuerda en modo exacto, así me parece, la doctrina tradicional, según la cual el Magisterio viviente, ordinario o extraordinario, definidor o definitivo, interpreta infaliblemente con la asistencia del Espíritu Santo, aquella Tradición y aquella Sagrada Escritura que provienen de la enseñanza oral de Nuestro Señor Jesucristo, Palabra de Dios hecha Persona, Tradición y Escritura que juntas, integrándose mutuamente, constituyen el sagrado depósito de la divina Revelación, cerrado con la muerte del último Apóstol, el mensaje del Evangelio.
Es este mensaje esa Palabra de Dios salvífica que Cristo ha mandado a los apóstoles predicar en todo el mundo hasta el fin de los siglos inalterada y sin cambios. Y la Iglesia desde hace dos milenios, asistida por el Espíritu Santo, en sus Supremos Pontífices y en los Concilios Ecuménicos, ha venido cumpliendo con absoluta fidelidad y sin cambiar nada esta tarea divina que tiene por finalidad la salvación del hombre.
De este modo el Magisterio de la Iglesia nos media y nos interpreta tanto la Escritura como la Tradición, en las cuales se expresa la Palabra del Evangelio: la Escritura, Palabra puesta por escrito, la Tradición, Palabra anunciada oralmente, aunque obviamente muchas enseñanzas de la Tradición hayan sido también puestas por escrito a lo largo de los siglos.
En cambio, no me siento de acuerdo con el ilustre teólogo cuando él critica el modo con el cual el Concilio Vaticano II expone la relación que existe entre estos tres sujetos del anuncio del Evangelio, sujetos distintos entre sí y, al mismo tiempo, maravillosamente conectados entre sí. En efecto, monseñor Gherardini habla, a propósito del Concilio Vaticano II, de "mescolanza de los roles que unificaron Tradición, Escritura y Magisterio" ("rimescolamento delle carte che unificò Tradizione Scrittura e Magistero").
Luego dice que "la Dei Verbum (DV 8-10) hace un conjunto de estos mismos sujetos, distinguiendo sólo sus funciones. Esto significa que la Tradición está toda en la Escritura, que Escritura y Tradición son una única fuente de Revelación". "La unificación, por tanto, de los tres sujetos -Revelación/Tradición/Magisterio- al no respetar la distinción e implicándola solamente para las correlativas funciones, parece difícilmente sostenible: no salvaguarda suficientemente las peculiaridades de los tres distintos sujetos".
En cambio, me parece que el Concilio no confunde en absoluto entre ellos esos tres temas (sería imposible, tratándose de datos de fe), sino que simplemente está preocupado, expresándose con una expresión enfática ("una sola cosa"), para subrayar la estrecha unión y reciprocidad entre estos tres sujetos, todos convergentes en hacernos conocer de modo cierto e infalible las Palabras del Señor y todos los tres brotando de los mismísimos divinos labios del Señor.
Pero me parece aún más grave la hipótesis que hace monseñor Gherardini acerca de la relación entre Magisterio de la Iglesia y depósito de la Revelación, con particular referencia al Concilio Vaticano II, aun si el teólogo romano se detiene sólo en el nivel de hipótesis: "Si aquella que debería ser la Palabra de Dios in actu secundo no adecua radicalmente, totalmente, homogéneamente, al menos en cuanto a la sustancia, la Palabra de Dios in actu primo, no podrá en absoluto pretender regular la Fe y las costumbres de la existencia cristiana; no estaría, de hecho, garantizada por la Palabra de Dios in actu primo, no pudiendo ser una contradicción suya in actu secundo. En tal caso, no sería Palabra de Dios, ni gozaría del carisma prometido y de la correspondiente infalibilidad. Vale decir que incluso el Magisterio eclesiástico puede, en hipótesis, equivocarse". ²
El Concilio, ciertamente, no ha definido nuevos dogmas. Pero esto no quiere decir que su doctrina dogmática, tratando de verdades de fe o próximas a la fe, no sea infalible o, como se expresa la Instrucción Ad Tuendam fidem de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 1998, "definitiva". De hecho, negar la infalibilidad de las doctrinas conciliares, como hace Gherardini y con él otros teólogos, crea una fuerte sospecha de que estas doctrinas pueden ser falsas o al menos falibles. De hecho, lo contrario de lo infalible, para cualquier mente que use la lógica, es lo falible. Pero, ¿cómo pueden llegar a ser falibles doctrinas de fe o próximas a la fe solemnemente enseñadas por un Concilio ecuménico asistido por el Espíritu Santo? ³
Ciertamente, podemos tener en algún documento la impresión de una discontinuidad con la Tradición, pero tras un atento examen nos damos cuenta de que tal cosa no subsiste, ni para el católico es posible que subsista, de lo contrario él debería concluir que Cristo ha engañado a su Iglesia cuando le ha dicho que sus palabras no pasarían y le ha prometido que el Espíritu Santo la habría de conducir a la plenitud de la verdad.
Si el papa Benedicto XVI nos ha dicho que entre el Concilio Vaticano II y el Magisterio precedente y el Magisterio postconciliar existe "continuidad" (aunque "en la reforma"), como católicos debemos creer en ella y como teólogos lo podemos verificar y demostrar, sin plantear ni una sombra de duda, de lo contrario, ¿no vendría a vacilar también nuestra fe? Lo que podemos hacer eventualmente, si el Sumo Pontífice lo estima oportuno o necesario, es pedirle que nos muestre mejor, en proposiciones canónicas y esclarecedoras, esta continuidad.
P. Giovanni Cavalcoli OP,
Bologna, 23 de marzo de 2011
Notas
¹ El padre Cavalcoli se refiere al artículo “Una riflessione sul Magistero ecclesiastico”, de mons. Brunero Gherardini, que fue publicada también en el blog Riscossa Cristiana, el día 22 de marzo de 2011: https://www.ricognizioni.it/una-riflessione-sul-magistero-ecclesiastico-di-mons-brunero-gherardini/. (JG)
² Queda muy claro, tan sólo por estas pocas citas del artículo citado de monseñor Brunero Gherardini [1925-2017], que el ilustre teólogo romano realmente se equivoca en hipotetizar error doctrinal en las enseñanzas doctrinales del Concilio Vaticano II. Vale decir, no distingue entre enseñanzas doctrinales y pastorales; mientras que las primeras siempre son infalibles, las segundas sí pueden ser eventualmente objeto de respetuosa crítica. (JG)
³ Gherardini, reduciendo la infalibilidad del Papa y del Concilio ecuménico a las definiciones solemnes y extraordinarias, contradice lo que también enseña la constitución Dei Filius del Concilio Vaticano I, en el capítulo III sobre la fe. Allí se enseña que no sólo el juicio solemne (extraordinario) de la Iglesia, sino también su magisterio ordinario y universal, gozan de infalibilidad. Expresa: "Además, con fe divina y católica deben creerse todas aquellas cosas que se contienen en la palabra de Dios escrita o transmitida, y que son propuestas por la Iglesia, ya sea mediante juicio solemne, ya sea por su magisterio ordinario y universal, como divinamente reveladas." Texto oficial en latín: «Porro fide divina et catholica ea omnia credenda sunt, quae in verbo Dei scripto vel tradito continentur, et ab Ecclesiae sive solemni judicio sive ordinario et universali magisterio tamquam divinitus revelata credenda proponuntur.» (Denzinger 3011). Este pasaje es clave porque fundamenta que el magisterio ordinario y universal —cuando enseña de modo constante y unánime en todo el mundo sobre materias de fe y costumbres— también es infalible, no sólo las definiciones solemnes y extraordinarias de los concilios o del Papa. (JG)
__________
Anexo
He aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum doctrinae Concilii Vaticani II sint infallibiles in continuatione cum Traditione,
vel possint esse fallibiles et confusae
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod doctrinae Concilii Vaticani II non sint semper infallibiles in continuatione cum Traditione, sed possint esse fallibiles et confusae.
1. Quia Concilium Vaticanum II novos dogmas stricte non definivit, et quidam theologi tenent eius doctrinam infallibilitatem non praestare.
2. Praeterea, modus quo Concilium exponit relationem inter Scripturam, Traditionem et Magisterium videtur confundere munera, unificando ea sine respectu ad proprias peculiaritates.
3. Item, in quibusdam documentis discontinuatio cum Traditione percipitur, unde videtur quod Concilium potuerit a Verbo Dei ab Apostolis tradito recedere.
Sed contra est quod docuit Papa Benedictus XVI, dicens inter Concilium Vaticanum II et Magisterium praecedens et subsequens esse continuationem, licet in reformatione; et praeterea Instructio Ad Tuendam fidem affirmat doctrinas conciliares esse definitivas.
Respondeo dicendum quod doctrinae Concilii Vaticani II sunt infallibiles in continuatione cum Traditione, quia Concilium oecumenicum Spiritu Sancto assistente errare in rebus fidei non potest. Concilium Scripturam, Traditionem et Magisterium non confundit, sed eorum intimam unionem et reciprocitatem sublineavit, omnia ex ipsis Christi labiis manantia et ad certam Verbi Dei transmissionem convergentia.
Negare infallibilitatem eius doctrinarum suspicionem falsitatis parit, quod est inadmissibile, quia oppositum infallibilis est fallibile, nec potest esse fallibile quod Concilium oecumenicum de fide docet. Magisterium vivum infallibiliter interpretatur, Spiritu Sancto assistente, Traditionem et Scripturam quae ex doctrina orali Christi, Verbi Dei in Persona facti, proveniunt. Ecclesia per duo millennia hanc divinam missionem absolute fideliter implevit, nihil mutans, ad salutem hominis.
Quamvis in aliquibus documentis discontinuatio cum Traditione apparere possit, diligens examen ostendit talem rem non subsistere, quia Christus promisit verba sua non transitura et Spiritum Sanctum Ecclesiam ad plenitudinem veritatis ducturum. Ideo, sicut Benedictus XVI dixit, inter Vaticanum II et Magisterium praecedens et subsequens est continuatio, licet in reformatione. Theologus potest a Papa petere ut hanc continuationem clarius in propositionibus canonicis ostendat, sed dubia de fidelitate Concilii ad Verbum Dei serere non potest.
Ad primum dicendum quod, etsi Concilium novos dogmas non definivit, eius doctrinae de fide vel proximae fidei sunt infallibiles et definitivae, sicut Magisterium docet.
Ad secundum dicendum quod Concilium munera non confundit, sed unionem eorum sublineat, distinctionem inter Scripturam, Traditionem et Magisterium non negans.
Ad tertium dicendum quod apparens discontinuatio solvitur examinando textus in fidelitate ad Traditionem, quia Ecclesia Verbo Dei contradicere non potest. JG
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