jueves, 8 de enero de 2026

El cristiano es un redentor

Publico hoy en versión española fiel y literal un artículo del padre Giovanni Cavalcoli OP, publicado originalmente días atrás en su propio blog en lengua italiana. Asimismo, presento una reformulación del mismo siguiendo el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, tomando como única referencia el texto original. [En la imagen: detalle de "La Anunciación", oro y temple sobre tabla, obra de Fra Angelico, pintado alrededor de 1430, conservado y expuesto en el Museo Nacional del Prado, Madrid, España].

El cristiano es un redentor ¹

¿Con quién la tiene Mons. Staglianò?

Avvenire del 2 de enero pasado publica un artículo de Mons. Antonio Staglianò titulado: «Il “no” al titolo di Corredentrice perchè Maria ci conduce a Cristo» ².
El artículo rechaza un concepto de corredención entendido como obra salvífica paralela a la de Cristo o llevada a cabo a la par de Él o compartida con la suya, para completar la obra de Cristo, para apaciguar, conmover y aplacar al Padre celestial airado con nosotros, y persuadirlo a hacer misericordia, como si Él, ofendido y reacio a hacer misericordia, hubiera tenido necesidad de las súplicas de Nuestra Señora, para superar su repugnancia a hacer misericordia y decidiera perdonarnos, como si la obra de Cristo no hubiera sido por sí misma suficiente para obtener esta misericordia y hubiera necesitado ser integrada o completada por la misericordia de María, como si no estuviera el Padre en el origen de toda misericordia, incluida la que ha usado hacia la Virgen, haciéndola Madre de misericordia. Digamos de hecho que ciertamente María es misericordiosísima, pero si lo es, lo es porque hacia ella, la primera entre todos los hombres, el Padre ha usado misericordia constituyéndola Madre de misericordia.
No sé dónde el articulista haya encontrado una concepción distorsionada de ese tipo. Si consultamos cuanto los Papas, los Santos y Doctores del pasado ³ han dicho sobre María corredentora, ciertamente no encontraremos ideas de ese tipo.
Pero lo que disgusta en el escrito del articulista es la sensación que él nos da de no rechazar solamente un concepto equivocado de corredentora, sino de rechazar el concepto como tal, alegando el motivo de que Cristo es el único Redentor y Mediador divino de la salvación, como si fuera falso que María es corredentora, sin darse cuenta de que ello es como acusar de falso al Magisterio Pontificio hasta San Juan Pablo II, que tuvo en varias ocasiones ocasión de usar ese título.
La polémica del articulista contra el tradicional título mariano deja por desgracia traslucir, como parece, algunas lagunas o malentendidos teológicos. Comencemos por el error más grave, que concierne a la naturaleza y a las funciones mismas de la gracia en la vida cristiana. Si la cuestión de la corredención no está iluminada por una correcta visión en este campo, se comprende entonces cómo nace la tentación de excluir la corredención de la actividad de Maria.
Al respecto debemos recordar que la gracia es una participación ⁴ sobrenatural en el obrar divino, base de las tres virtudes teologales fe, esperanza y caridad, que obra para nuestra salvación ⁵. La vida de gracia hace al obrar cristiano, que sigue siendo el de un pecador, semejante al obrar divino de Cristo, de modo que le permite hacer y padecer, aunque en grado menor, instrumental y subordinado, aquello mismo que ha hecho y ha padecido Cristo, sin por ello alcanzar el nivel divino de su actuar, ya que es claro que se mantiene siempre la infinita distancia ontológica de la criatura respecto del creador.
La sequela Christi, en la cual se resume toda la vida cristiana, es decir el llevar cada día la propia cruz siguiendo a Cristo, no es otra cosa que colaborar en la obra de la Redención, no es otra cosa que corredimir.
La vida de gracia, por tanto, eleva el obrar cristiano como hijo de Dios, movido por el Espíritu Santo (Rm 8,14) a semejanza de Cristo, a una imitación o participación sobrenatural de la misma acción divina redentora de Cristo y por ello hace en cierto modo de cada cristiano un redentor. El cristiano, como manda San Pablo, se ofrece como sacrificio vivo y como víctima de suave olor, como hizo Cristo, por la salvación de los hermanos.
Como Cristo, el cristiano muestra el amor más grande, que consiste en el dar la vida por sus propios amigos. Consiste en el amar al prójimo como Cristo nos ha amado, es decir subiendo a la cruz para dar la propia vida en rescate por muchos.
De este modo el cristiano, a imitación de Cristo y con la gracia de Cristo, deviene un salvador de los hermanos, mientras que con sus propios méritos, don de la gracia, obra su propia salvación como colaborador de Cristo Redentor y causa instrumental de la misma obra redentora de Cristo.
Lo cual quiere decir que la acción salvífica del cristiano se realiza según grados análogos de perfección, en cuyo vértice, como supremo analogado, está la misma obra divina de la Redención, que por gracia hace partícipes de su acción a los mismos discípulos de Cristo y así también la acción cristiana es participación según diversos grados de la obra divina de la Redención.

Es necesario iluminar la cuestión con adecuadas categorías teológicas

Esto significa que es imposible formarse una idea justa de la Redención sin hacer uso de estas nociones de causalidad, de participación y de analogía del ser y del obrar ⁶. La noción de Redención es una noción analógica y participativa, que supone la vida de gracia y la relación entre causa primera divina y causa segunda instrumental humana.
Se trata de una acción divina, que en cuanto divina es una sola y unívoca y ciertamente no es comunicable, participable o imitables, si no queremos caer en el panteísmo. Y sin embargo la bondad, la omnipotencia y la misericordia de Dios han querido que el hombre, que evidentemente no podía naturalmente sobrepasar su límite creatural, pudiera ser de algún modo partícipe, de modo analógico, de la misma vida divina que no es otra que la vida de gracia, que precisamente se realiza en la colaboración de la criatura en la obra redentora de Cristo.
Además la noción correcta de corredención se deriva de la de Redención ⁷. Desgraciadamente hoy incluso entre los cristólogos circulan diversos errores y lagunas, por los cuales se rechazan todas las nociones conexas con el dogma de la Redención: la noción de sacrificio cultual y expiatorio, la noción del pago de la deuda del pecado, la noción de satisfacción vicaria, la noción de la propiciación del Padre ofendido por el pecado, la noción de la reparación del mal cometido y de la remisión de los pecados, para reducir la santísima Pasión de Cristo al simple testimonio del mártir que no retrocede en su conducta heroica ni siquiera ante la muerte.
Siendo así las cosas, el obrar del cristiano no comporta ningún complemento a la obra divina de Cristo: sería absurdo pensar que una obra humana, por más que sea en gracia, pueda completar una obra de Dios. Las cosas son de modo muy diverso. El obrar del cristiano es el obrar de una causa segunda e instrumental de salvación, movida por la causa primera que es Cristo.
Es Dios mismo quien ha querido salvar al hombre poniendo en obra su mismo obrar en gracia como causa instrumental de salvación y medio para hacernos entrar en comunión con Cristo. Y en esta obra guiada por Dios la Bienaventurada Virgen María desempeña un papel único y excelentísimo por encima de todos nosotros, por más santos que seamos, en virtud de sus privilegios de llena de gracia, Madre de Dios y Madre de la Iglesia.

La sombra de Lutero

Hay que notar además con pesar que el articulista cae en el error de Lutero de identificar la justicia divina con la misericordia, con la consecuencia de negar la existencia de los castigos divinos. Lutero en verdad conservó la fe en ellos.
Pero no tardarían en llegar en el siglo XIX algunos luteranos, como Schleiermacher, los cuales hicieron este razonamiento: ¿pero por qué debería estar predestinado solo yo y aquellos que comparten mi fe? De este modo los protestantes buenistas de hoy mandan al paraíso incluso al Papa que, por el contrario, Lutero consideraba el anticristo. Ellos se hacen esta pregunta retórica: ¿no sería más digno de Dios que todos fueran predestinados a la salvación? Y así Schleiermacher fue el fundador del misericordismo que ha penetrado también en nuestros ambientes católicos. Así existe hoy verdaderamente quien se siente más misericordioso que Dios mismo.
Pero es claro que en el buenismo las penas de esta vida pierden su valor redentivo y se vuelven insoportables o sin sentido, que hay que evitar de modo absoluto, incluso a costa de cometer pecado, mientras por otra parte desaparece el fundamento teológico del orden jurídico humano, dando libre campo a los regímenes tiránicos y totalitarios.
El pensamiento de la justicia divina da al juez humano al mismo tiempo consuelo y temor. Pero si el juez no tiene temor de Dios, ¿qué es lo que hará? Saber que Dios reparará los defectos de la justicia humana es de gran consuelo, pero la idea de que Dios deje tranquilos a los delincuentes no es ciertamente un estímulo para practicar la justicia. Mons. Staglianò olvida que Dios es no solo Padre sino también Juez que al término de nuestra vida nos convocará a juicio y al final de los tiempos premiará a los justos y castigará a los impíos.
Ahora bien, es verdad que justicia y misericordia son virtudes opuestas, porque la primera impone la pena mientras la segunda la quita. Pero nadie pretende que Dios sea simultáneamente severo y tierno con la misma persona, y por esto es severo con uno y misericordioso con otro, y con una misma persona ora es severo, ora es misericordioso.
Como resulta del Evangelio en la explicación que nos da el Concilio de Trento, el plan divino de la salvación comporta entonces que Cristo por medio del sacrificio de la Cruz expíe por nuestros pecados haciéndonos propicio al Padre justamente airado con nosotros por nuestras culpas y obtenga de Él misericordia: satisfecit pro nobis!
Debemos decir entonces que por debajo de la eminencia divina de la obra de Cristo Redentor, y en participación con ella, en forma subordinada, inferior, instrumental y analógica funciona la actividad del cristiano, el cual, aunque pecador, es hecho por Cristo capaz de rescatarse a sí mismo, de dar satisfacción al Padre, de reparar por sus culpas y de pagar sus deudas ante el Padre, el cual ciertamente se las perdona, pero solo en cuanto Cristo las ha pagado en su lugar con su sangre. Todo esto quiere decir que también nosotros cumplimos de modo participativo y subordinado cuanto ha hecho y padecido Cristo, redentores de nuestros hermanos. Así la salvación es al mismo tiempo don gratuito del Padre, premio de nuestras fatigas y reino celestial conquistado con nuestro coraje.
Somos al mismo tiempo salvados y salvadores de nosotros mismos y de los demás. La maravilla y perfección de la obra de Cristo comporta precisamente el hecho de que Cristo no ha querido obrar solo frente a una humanidad puramente pasiva, no nos transporta como pesos muertos, como parece ser en la ética luterana, sino que ha querido darnos parte de su misma fuerza divina, de modo que el hombre colaborase activamente en su propia salvación.

María es la más santa de los corredentores

Pues bien, la Bienaventurada Virgen María en este plan de salvación es aquella que entre todos nosotros, gracias a su plenitud de gracia, más imita y más sigue a Cristo en su obra,y en tal sentido puede ser llamada corredentora, no porque lo sea solo ella, sino porque ella lo es de modo excelso y único, porque está en la cima de una participación en la obra de la Redención que todos en cuanto cristianos, en diverso grado y modo según las fuerzas de cada uno o de la vocación recibida, estamos llamados a cumplir.
La preocupación de no sobrevalorar o elevar excesivamente la actividad de la Virgen hasta ponerla a la par de la de Dios es correcta. Similares fanatismos o malentendidos ciertamente causan disgusto a la Santísima Madre de Dios y lindan en la superstición. Pueden ser también sugeridos por el demonio, sobre todo en ciertas falsas apariciones donde parece que la Virgen incite a la desobediencia al Papa.

Hay problemas más importantes

Pero a propósito de este riesgo de dar demasiado poder a la criatura o a una criatura respecto de Dios debemos decir con mucho pesar que existen hoy motivos mucho más graves de preocupación que nos vienen de cierta teología que eleva tanto lo humano que cae en el panteísmo.
A este propósito convendría mucho más, por ejemplo, considerando el mayor daño que viene a las almas, poner en guardia contra la concepción rahneriana del hombre, por la cual la cristología coincide con la antropología o el ser divino se presenta como el horizonte de su trascendencia humana, por lo cual al final ser Dios coincide con ser plenamente hombre.
Aquí se va mucho más allá de las piadosas exageraciones marianas y aparecen a nuestra mirada angustiada destellos siniestros y las perspectivas fascinantes pero ilusorias del gnosticismo, del idealismo, del ateísmo y del panteísmo, propagadas en una producción literaria impresionante, fuente de grandes ganancias a costa de la piel de los sencillos que caen en la red.
Este es el problema serio, este es el gran desafío que hay que afrontar y vencer, sin por ello renunciar a corregir las mucho más modestas ambiciones del culto mariano, donde a veces la exageración, como saben bien aquellos que conocen el amor, es simplemente el lenguaje del amor y han inventado el dicho: De Maria numquam satis ⁸.

Notas
   
¹ Fr Giovanni Cavalcoli OP, Fontanellato 3 de enero de 2026, artículo publicado en su propio blog el pasado 5 de enero de 2026: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/il-cristiano-e-un-redentore.html (NT: allí el autor del artículo contestará preguntas, resolverá dudas y recibirá los comentarios que los lectores quieran hacerle llegar, lo mismo que en su página de Facebook: https://www.facebook.com/giovanni.cavalcoli/
³ Véase la excelente entrada sobre la CORREDENTRICE escrita por el ilustre mariólogo del siglo pasado Michele Roschini en la Enciclopedia Cattolica.
⁴ La noción de participación es fundamental para comprender qué es la gracia. Véase a este respecto: Cornelio Fabro, La nozione metafisica di partecipazione secondo San Tommaso d’Aquino, SEI, Torino 1950.
⁵ Cf. Reginaldo Garrigou-Lagrange, De gratia, Edizioni LICE-Berruti, Torino 1950.
⁶ Sobre la noción de analogía del ente, véase: Tomas Tyn, Metafisica della sostanza. Partecipazione e analogia entis, Edizioni Fede&Cultura, Verona 2009.
⁷ Cf. mi libro Il mistero della Redenzione, Edizioni ESD, Bologna 2004.
⁸ Todas las mañanas en la iglesia con algunos de mis hermanos recito las 100 letanías dominicanas a la Virgen, famosas desde hace siglos sobre todo para alejar el demonio. Pues bien, un tercio de ellas podrían ser un problema para Mons. Staglianò.

P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 3 de enero de 2026
   
__________

Anexo

El padre Cavalcoli se ha mostrado muy complacido de que, luego de publicar cada uno de sus artículos en lengua española, procedamos, a modo de subsidio pedagógico para los estudiantes de filosofía y teología, así como para todos los lectores en general, a realizar una transcripción de las principales ideas de sus escritos según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino. Con su beneplácito, esta transcripción la ofreceremos también en lengua latina, de modo que sirva como repaso de los conceptos y argumentos más importantes de sus textos, y pueda aprovecharse no sólo por los lectores de habla hispana, sino también por aquellos de otras lenguas.

   
Quaestio: De participatione christianorum et Beatae Virginis Mariae
in opere redemptivo Christi
   
Circa titulum Corredemptricis, quem Beatae Virgini Mariae nonnulli tribuunt, quaestio oritur utrum talis appellatio sit conformis doctrinae Ecclesiae et rectae theologiae. Multi enim dubitant, ne per hunc titulum minuatur singularitas et eminentia Christi, qui est unicus Redemptor et Mediator. Alii vero affirmant Mariam, gratia plenam, singulariter cooperatam esse Filio suo in opere Redemptionis; atque ideo titulum Corredemptricis esse legitimum, si recte intelligatur. Ad hanc quaestionem dilucidandam, tria articula tractanda sunt: primo, utrum christianus dici possit redemptor; secundo, utrum Maria dici possit Corredemptrix; tertio, utrum titulus Corredemptricis sit conformis Magisterio et rectae theologiae.

   
Articulus 1

Utrum christianus dici possit redemptor

Ad primum sic proceditur. Videtur quod christianus dici non possit redemptor.
1. Quia Christus est unicus Redemptor et Mediator divinus salutis; attribuere hoc nomen aliis videretur minuere eminentiam sacrificii eius.
2. Praeterea opus Redemptionis est infinitum et divinum; nulla actio humana, etiam in gratia, potest complere opus Dei.
3. Item christianus est peccator; ergo neque se ipsum neque alios redimere potest.

Sed contra est quod dicit Apostolus: “Adimpleo ea quae desunt passionum Christi in carne mea pro corpore eius, quod est Ecclesia” (Col 1,24). Et iterum: “Exhibete corpora vestra hostiam viventem, sanctam, Deo placentem” (Rm 12,1).

Respondeo dicendum quod infra eminentiam divinam operis Christi Redemptoris, et in participatione eius, subordinata, inferiori, instrumentali atque analogica forma, operatio christianorum consistit. Qui, licet peccatores, a Christo efficiuntur capaces se ipsos redimendi, Patri satisfaciendi, pro culpis reparandi et debita persolvendi coram Patre, qui quidem remittit, sed tantum quatenus Christus pro eis sanguine suo persolvit. Hoc significat quod etiam nos participative et subordinate perficimus quae Christus fecit et passus est, redemptores fratrum nostrorum. Sic salus est simul donum gratuitum Patris, praemium laborum nostrorum et regnum caeleste fortitudine nostra acquisitum. Simul salvati et salvatores sumus, tam nostri quam aliorum. Mirum autem et perfectum opus Christi hoc ipsum importat, quod noluit solus agere coram humanitate mere passiva, nec nos trahere ut onera mortua, sicut videtur in ethica Lutherana, sed voluit nobis dare partem suae ipsius virtutis divinae, ut homo active cooperaretur in propria salute.

Ad primum dicendum quod non minuitur sufficientia Christi, quia nostra cooperatio est subordinata, inferior, instrumentalis et analogica. Christus est unicus Redemptor proprie dictus, sed voluit ut christiani essent redemptores fratrum suorum in participatione cum Ipso.
Ad secundum dicendum quod nulla actio humana potest complere opus divinum; tamen salus est simul donum gratuitum Patris, praemium laborum nostrorum et regnum caeleste fortitudine nostra acquisitum. Ipse Deus voluit ut actio christiani in gratia esset instrumentum suae actionis redemptivae.
Ad tertium dicendum quod, licet christianus sit peccator, tamen a Christo efficitur potens se ipsum redimere, Patri satisfacere, pro culpis reparare et debita persolvere coram Patre. Quapropter per gratiam Christi fit capax cooperandi tam in propria quam in aliorum salute.


Articulus 2

Utrum Maria dici possit Corredemptrix

Ad secundum sic proceditur. Videtur quod Maria dici non possit Corredemptrix.
1. Quia Christus est unicus Redemptor et Mediator; ergo nullus alius dici potest Corredemptor.
2. Praeterea, si Maria dicitur Corredemptrix, videtur Deo aequari, quod est superstitiosum et erroneum.
3. Item cultus Beatae Virginis interdum excedit iustum modum, et titulus ille posset fovere excessus fanaticos vel falsas apparitiones.

Sed contra est quod docet Magisterium Pontificium, nam Sanctus Ioannes Paulus II aliique Pontifices usi sunt titulo Corredemptricis. Praeterea traditio mariologica affirmat Mariam, gratia plenam, maxime imitari et sequi Christum in opere Redemptionis.

Respondeo dicendum quod Beata Virgo Maria, in consilio salutis, est illa quae inter omnes, gratia plena, maxime imitatur et sequitur Christum in opere eius; atque hoc sensu dici potest Corredemptrix. Non quia sola sit, sed quia modo excellenti et singulari est, in vertice participationis operis Redemptionis, quod omnes christiani, diverso gradu et modo, implere vocamur. Ipsa est sanctissima inter corredemptores, quia in summo gradu participationis operis Redemptionis constituitur, quod omnes christiani, diverso gradu et modo, implere vocamur. Cura ne superexaltetur actio Dominae nostrae recta est; sed titulus Corredemptricis recte intellectus non eam Deo aequat, sed exprimit cooperationem eius singularem et eminentem. Ut traditio dicit: *De Maria numquam satis.*

Ad primum dicendum quod Christus est unicus Redemptor proprie dictus; Maria autem est Corredemptrix per participationem et ministerium, non per aequalitatem.
Ad secundum dicendum quod titulus non eam Deo aequat, sed agnoscit cooperationem eius per gratiam, subordinatam et instrumentalem.
Ad tertium dicendum quod excessus superstitionis et fanatici vitandi sunt; sed doctrina authentica de Corredemptrice est conformis Magisterio et sanae pietati, sicut ostendunt Pontifices et mariologi qui hunc titulum defenderunt..


Articulus 3

Utrum titulus Corredemptricis sit conformis Magisterio et rectae theologiae

Ad tertium sic proceditur. Videtur quod titulus Corredemptricis non sit conformis Magisterio nec rectae theologiae.
1. Quia Mons. Antonius Staglianò, scriptor Avvenire, titulum reprobat, affirmans Christum esse unicum Redemptorem et Mariam tali nomine appellari erroneum.
2. Praeterea, titulus ille potest inducere superstitionem et fanaticos excessus, quasi Maria Deo aequaretur, atque ita foveri possent falsae apparitiones et devotionales aberrationes.
3. Item multi theologi recentiores respuunt notiones sacrificii cultualis, satisfactionis vicariae, propitiationis Patris et remissionis peccatorum; videtur ergo titulus Corredemptricis inniti doctrinis iam obsoletis.

Sed contra est quod docet Magisterium Pontificium, nam usque ad Sanctum Ioannem Paulum II titulus Corredemptricis saepius adhibitus est. Praeterea mariologi, ut Michaël Roschini, eum defenderunt in Enciclopedia Cattolica, ostendentes titulum esse conformem traditioni et doctrinae Ecclesiae.

Respondeo dicendum quod titulus Corredemptricis est conformis Magisterio, si recte intelligatur. Non significat Mariam aequari Christo, sed participare opus eius redemptorium modo analogico et subordinato. Ipsa, gratia plena, Mater Dei et Mater Ecclesiae, singulariter cooperata est in Passione Filii sui. Reicere hunc titulum, sicut facit Mons. Antonius Staglianò, idem est ac ignorare traditionem pontificiam et doctrinam de causalitate, participatione et analogia essendi atque operandi. Praeterea confundere iustitiam et misericordiam, sicut fecit Lutherus et post eum Schleiermacher, ducit ad “misericordismum”, qui negando poenas divinas nocionem Redemptionis debilitavit. Error hic, qui hodie in quibusdam circulis theologicis diffunditur, inducit ad putandum misericordiam Dei tollere omnem exigentiam iustitiae, cum revera ambae concorditer componantur in opere redemptorio Christi. Quapropter negare titulum Corredemptricis est etiam fructus notionum theologicorum perversorum, quae doctrinam traditam de participatione et causalitate instrumentali ignorant.

Ad primum dicendum quod Christus est unicus Redemptor proprie dictus; titulus Corredemptricis exprimit cooperationem Mariae, a Magisterio agnitam, et non contradicit unicitatem Christi.
Ad secundum dicendum quod fanatici excessus et superstitiones errores humani sunt vitandi; sed non infirmant doctrinam authenticam tituli, qui est analogicus et subordinatus, ac conformis sanae pietati marianae.
Ad tertium dicendum quod errores recentiorum non abolent doctrinam traditam; immo ostendunt necessitatem rectarum notionum causalitatis, participationis et analogiae, quibus innititur titulus Corredemptricis. Unde reiectio tituli magis provenit ex theologia “misericordismo” debilitata quam ex vera doctrina catholica.
   
J.A.G.

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